Diego Fischer
Diego Fischer

Trabajar para servir

"No tenemos papel de regalo, es el Uruguay”, me dijo sonriente la empleada de un kiosco del Punta Shopping hace un par de días luego que le pedí que me envolviera para regalo unos audífonos que compré para un sobrino.

Estaba acompañado de mi hija y los dos nos miramos asombrados. Reconozco que no había ironía en la empleada que no superaba los 20 años. “Al Uruguay lo hacemos todos con las actitudes cotidianas”, respondí en lo que a juzgar por los ojos de la interlocutora no entendió demasiado. Luego intenté explicarle que un comercio en un lugar turístico y en estas fechas no podía no tener papel de regalo. Estoy seguro que de nada sirvió mi monserga.

Dos negocios más adelante, otra joven de la misma edad, me respondió de mala gana, cuando le pedí que me mostrara unos relojes que estaban en una vitrina debajo del mostrador. “La idea es que el cliente me indique cuál quiere y yo se lo muestro, pero no todos”. “Es que quiero ver los que están en ese estante (eran cuatro) para poder elegir”. No hubo caso, me retiré sin poder ver lo que quizá hubiera comprado. La empleada quedó convencida que ella tenía razón y que yo era un impertinente. Pensé en el dueño del local. ¿Sabrá cómo atienden sus empleados? ¿Será consciente que cualquier esfuerzo que haga por vender más resultará inútil ya que el último eslabón de la cadena le boicotea su negocio?

Días antes en el supermercado Devoto de la avenida Roosevelt, una empleada del sector electrodomésticos se ofuscó cuando le pedí que me hiciera una boleta con RUT por la compra que había hecho. “Si no está registrada la empresa, no se lo puedo hacer”, me respondió haciendo alarde de su ignorancia sobre el derecho que tenemos los contribuyentes a la hora de solicitar una factura.

Podía citar un par de casos más que he presenciado por estos días. Hablamos del balneario que más cantidad de turismo atrae en el Uruguay y que rankea entre los mejores del continente. También estamos en una temporada con muchas dificultades en la que el flujo de visitantes es menor, menos el movimiento comercial y más esfuerzo se debe hacer para atraer a potenciales clientes.

¿ Qué conclusiones puede uno sacar.? Muchas. Estamos ante un síntoma elocuente del paupérrimo nivel educativo de los jóvenes que egresan de la enseñanza media y salen al mercado laboral. ¿Qué entienden estas personas por servicio? ¿Qué imagen queremos dar como país?

Esta desidia es el resultado de década y media en la que se han antepuesto los derechos de las personas a sus obligaciones en todos los ámbitos. Una sociedad democrática, libre y justa funciona en la medida que haya un equilibrio entre los derechos y las obligaciones. Tengo derecho a recibir un salario digno y a trabajar en condiciones decorosas, pero mi obligación es hacer el mayor esfuerzo para cumplir de la mejor manera con la tarea que se me ha confiado. Es tan simple y sencillo, y tan difícil de entender.

Otro es el caso de Patricia. Tiene 38 años, dos hijos adolescentes que trabajan en temporada. Ella arranca su jornada a las 6 de la mañana limpiando las oficinas de una empresa. A las 9 entra a trabajar en un edificio de la Parada 2 de la Brava hasta las 17 hs., allí está todo el año. Luego se hace tiempo para algunas extras en casas de familia. Si se le pregunta cuándo descansa, responde con una sonrisa “en verano poco, hay que aprovechar cuando hay trabajo".

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