Diego Fischer
Diego Fischer

¿Cuál será el secreto?

Son ciudades queridas y cuidadas por sus autoridades y sus habitantes. Son, además, dos de los centros turísticos que reciben más visitantes de todas partes del mundo cada año.

Muchos afirmarán que no se puede comparar ni trazar paralelismos con Montevideo y el Uruguay todo. Es cierto, es imposible competir con París y Madrid o Francia y España. Pero sí es saludable observar y aprender para entender por qué a ambas capitales y a estos dos países siempre se quiere volver.

Se sabe, en París confluyen todas las expresiones del arte y de la cultura del mundo occidental. Sigue deslumbrando, emocionando y enamorando a quienes llegan por primera vez o vuelven con devoción de peregrino.

En Madrid, la historia más reciente y lejana, abraza. Uno puede reconocerse en los rostros de sus habitantes. Caminar por su calles y avenidas es transitar por un territorio propio. Es como estar en casa, pero en una casa limpia, cuidada y bien administrada.

En una y otra ciudades son conscientes de la importancia del turismo, y por eso todo está dispuesto para recibir y facilitarle la estadía al turista. Según cifras oficiales, París recibe un promedio de 34 millones de visitantes cada año y Madrid 12 millones.

En el aeropuerto de Orly, gente con camisas blancas que tienen estampada una leyenda que dice “Estamos para servirle” y que hablan también inglés y algo de español, responden con amabilidad y una sonrisa a las preguntas que uno puede formular. Si es necesario, le indicarán con exactitud la forma y el medio más adecuado (ómnibus o metro o ambas cosas) para llegar a su destino. Lo harán con precisión y le informarán no solo el costo exacto del traslado, sino también el tiempo que insumirá el viaje. La historia se repite en cualquier punto de la ciudad. El interlocutor puede ser un policía (que habla con igual solvencia francés e inglés) o un ciudadano común. Solo hay que ser educado.

En Madrid, será casi inevitable que la consulta derive en una conversación con el ocasional informante, en la que el acento al hablar revele su procedencia y en la que el consultado tenga en Uruguay o Argentina algún pariente. ¡Hombre!, no hay dudas es la madre patria. También, y con frecuencia, puede darse que en un bar o en un café, el mozo que atienda sea un compatriota joven, que no piensa, ni sueña en volver, aunque sí visitar a la familia que dejó. No son los exiliados de los setenta, ni los que se marcharon durante la crisis del 2002. Son los que se fueron en los últimos años, defraudados y desilusionados.

París, Madrid, ambas gobernadas por la izquierda y la derecha en diferentes tiempos y por prolongados períodos. En París el gaullista Jacques Chirac fue su alcalde durante veintiún años consecutivos, lo sucedió su correligionario Jean Tiberi. Hoy es una hispana francesa socialista, Anne Hidalgo quien rige sus destinos. En Madrid, durante siete años, estuvo el legendario socialista Enrique Tierno Galván, años más tarde, el conservador José María Álvarez del Manzano ejerció el cargo durante doce años consecutivos. Hasta hace pocas semanas, la alcaldesa fue la comunista Manuela Carmena.

Todos ellos hicieron que sus ciudades sean cuidadas por los funcionarios y servicios municipales, queridas y respetadas por sus habitantes, y lugares ineludibles para el turismo mundial. ¿Cuál será el secreto?

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