Diego Fischer
Diego Fischer

Resentido y avinagrado

Al día de hoy no se ha dado cuenta cuál fue el pronunciamiento categórico de la ciudadanía en octubre y tampoco el mandato de las urnas en noviembre. Todas las semanas sale con una nueva profecía siempre más oscura y terrible que la anterior.

Para él la coalición multicolor es una banda de fanáticos truhanes neoliberales cuyo único objetivo es arremeter contra los trabajadores y arrebatarles los derechos consagrados por la ley hace más de cien años. Porque las leyes sociales en Uruguay datan de comienzos del siglo XX. Aunque el Frente Amplio sostenga que ellos, en 2005, fueron los que fundaron el Uruguay, implantaron las normas laborales y le otorgaron derechos no solo a los trabajadores, sino a los uruguayos todos.

Según este personaje de pacotilla, el gobierno que asumirá en ocho días, exactamente, se ha confabulado con los empresarios para ir aniquilando los derechos de los trabajadores, de a poco, lentamente, hasta volver a implantar la esclavitud. Acusa a los directivos de las cámaras empresariales de brabucones y sigue desconociendo las resoluciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) “Se han pasado de rosca para tratar de reducir y si es posible eliminar los Consejos de Salarios y la negociación colectiva en Uruguay", sostuvo el jueves pasado en su semanal arremetida frente a la prensa y en alusión a los empresarios. A quienes acusó de haberse insuflado por el resultado electoral.

Días antes no dudó de afirmar que Uruguay, luego de quince años de gobiernos frenteamplistas, se ubica entre las quince democracias más completas del mundo. Se infiere de sus palabras que antes de la llegada del Frente Amplio al poder nuestro país era una república bananera. Supina ignorancia aderezada con una dosis gigantesca de soberbia. ¿Qué papel le otorgará en su peculiar mirada de la historia a Saravia, a Batlle y Ordóñez y a Herrera?

Pero sus reflexiones de barricada y tablado lo han llevado también a opinar sobre el borrador de Ley de Urgencia que dio a conocer semanas atrás la coalición multicolor. “Recorta derechos adquiridos” afirmó y sobre las modificaciones propuestas a la ley de inclusión financiera, “fomentará la evasión” y los más perjudicados serán “los trabajadores”.

A esta altura, el lector se habrá dado cuenta de que hablo del ministro de Trabajo y Seguridad Social, Ernesto Murro. El individuo que antes ocupó por diez años consecutivos la presidencia del BPS y que desde 2015 se parapetó en el edificio de la calle Juncal y Cerrito, sesgando alevosamente las relaciones laborales a los mandatos del Pit-Cnt, como antes lo habían hecho sus predecesores.

En sus apariciones en televisión no ha escatimado frases para descalificar a Pablo Mieres, el líder del Partido Independiente que lo sucederá. “Lo han premiado con un cargo” sostuvo. Sería interesante comparar currículum y trayectorias.

Ahora anuncia que se jubilará, algo que debemos celebrar ya que no veremos más en la televisión su rostro siempre amargado, ni escucharemos, ni leeremos sus declaraciones avinagradas y cargadas de resentimiento. Se termina en ocho días su impunidad verbal. Murro se retirará con una buena jubilación, aunque -seguramente- bastante menor que el subsidio que percibirá Raúl Sendic en los próximos doce meses.

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