Diego Fischer
Diego Fischer

Recemos a San Felipe y Santiago

Pasaron 17 meses desde que asumió Daniel Martínez como Intendente de Montevideo.

Pasaron 17 meses desde que asumió Daniel Martínez como Intendente de Montevideo.

¿Qué cambió para bien? Poco, tirando a nada. Escasas por no decir nulas expectativas tenía en lo personal cuando el sexto período consecutivo de gobierno frenteamplista en la capital, comenzó. No por una cuestión personal contra Martínez, sino porque luego de haber padecido las administraciones de Ricardo Ehrlich y Ana Olivera, (las peores desde que Montevideo tiene gobiernos municipales y eso sucedió a partir de 1909), quedó demostrado que la gestión frenteamplista estaba agotada. Pero la ciudadanía decidió abrirle una nueva carta de crédito a la coalición de izquierda y acá seguimos en el berenjenal.
Al asumir, Martínez fue cauto en sus promesas, pero realizó algunas reflexiones interesantes como: tener una ciudad más limpia, con mayor agilidad y seguridad en el tránsito, respetuosa de la diversidad y sus diferentes expresiones será posible si nos embarcamos en un cambio cultural…

¿Dónde comenzó el cambio cultural que no nos enteramos? ¿Qué decir del basural que continúa siendo Montevideo? ¿Y de las medidas de Adeom que exponen a riesgo sanitario? ¿Estará pensando Martínez pedirle otra vez ayuda al Ejército para que salga a hacer lo que sus empleados no realizan? ¿Son los inspectores de tránsito interceptando a presuntos conductores de Uber y molestando a pasajeros, parte de la nueva cultura? ¿Consiste en la ausencia total de esos mismos funcionarios en las calles, durante las horas que se debería ordenar el tránsito?

“De acá a diciembre vamos a estar con el Jesús en la boca”, dijo hace un par de semanas a radio El Espectador el intendente. Según el jefe comunal el tema de la basura depende, ahora, de la llegada de 15 nuevos camiones recolectores. Siempre hay un motivo, siempre se encuentra un pretexto para el tema de la basura. Aquí hay una población, los montevideanos, rehén de un sindicato que ha hecho lo que ha querido en los últimos 25 años. Con el aval de los gobernantes, cogobierna la ciudad.

(…) “Vamos a continuar trabajando sabiendo que somos parte de un proceso colectivo cuyo centro, que no podemos olvidar, es la mejora de la calidad de vida de nuestros ciudadanos. Lo repito: la mejora de la calidad de vida de nuestros ciudadanos”, dijo Martínez aquel lejano 14 de julio de 2015. Sonaba serio y con sentido.

Qué nos muestran los hechos. Montevideo sigue tan mal tratada por sus gobernantes como malquerida por algunos de sus habitantes. Estamos en el comienzo de una nueva temporada turística. Basura y mugre por todos aquellos lugares en que la limpieza está a cargo de los municipales. Recorrer las zonas de mayor atractivo turístico de la capital, duele. Da tristeza. La peatonal Sarandí invadida por ambulantes que venden baratijas, la plaza Matriz, llena de mercachifles. Los parques, como el Prado, abandonados a la buena de Dios. Si por el tema de la basura vamos a estar con el Jesús en la boca hasta fin de año, ¿a quién deberemos encomendarnos para que Montevideo no despierte rechazo o pena entre los que nos visitarán? Intendente, una sugerencia, dese una vuelta por Maldonado, San José o la capital del interior que más le guste. Verá que a gran o pequeña escala, se puede tener una ciudad limpia.

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