Diego Fischer
Diego Fischer

Orientales, no mezquinos

Al parecer muchos tiraron la chancleta. Quienes desde siempre seguimos atentamente el tema de la pandemia, vemos con mucha preocupación cómo se han incrementado los casos en las últimas semanas.

Al cierre de esta columna, el miércoles se batió el récord con 65 nuevos casos y 3.710 test realizados y ayer viernes sumaron 63 los contagios y se registraron dos nuevas muertes. ¿En qué le estamos errando?

“En números realmente hoy estamos en una situación que nunca estuvimos y es la que más nos preocupa", sostuvo ayer viernes el infectólogo Álvaro Galiana en declaraciones a Radio Montecarlo y aventuró que dentro de diez o quince días la cifra de infectados “superará los cien casos diarios”.

Desde que el pasado 13 de marzo, se confirmaron los primeros casos de Covid-19 en Uruguay, casi todo el país se encolumnó detrás de un gobierno que recién había asumido y que adoptó una serie de medidas que permitió evitar una catástrofe. Es sabido, hubo voces disonantes que reclamaron el aislamiento total y obligatorio como lo dispuso Argentina. También es sabido cómo le fue a Argentina en este tema.

El ejercicio responsable de la libertad fue la consigna en la que basó su accionar el presidente Luis Lacalle Pou y todo el elenco gubernamental. Funcionó. Al menos hasta el mes de setiembre inclusive. En junio llegamos a tener en una misma semana días sin casos nuevos. Y cuando todo hacía pensar que la batalla estaba ganada, la enfermedad volvió a arremeter en julio, aunque nunca alcanzó la cantidad de casos de estas últimas semanas.

La Policía y la Intendencia han descubierto decenas de fiestas clandestinas en la capital y en el interior del país. Al jefe de Policía interino de Flores le costó su cargo el haber autorizado una concentración en la plaza principal de Trinidad que no cumplió con las medidas sanitarias.

Esta semana una manifestación convocada por el Pit-Cnt partió de 18 de julio y Fernández Crespo rumbo al Parlamento. Allí los participantes se concentraron para protestar contra la LUC y la Ley de Presupuesto. Fue un grupo numeroso, donde los tapabocas (salvo para la foto) brillaron por su ausencia y la distancia recomendada también. ¿Es de esta manera que algunos gremialistas interpretan el uso responsable de la libertad? Son los mismos que cada 1° de mayo se rasgan las vestiduras y recuerdan sus supuestas luchas heroicas contra la dictadura militar. Según ellos, gracias a ellos hoy gozamos de libertad y democracia.

Claro que a la hora de ejercer el más básico principio de la libertad y de la convivencia: el respeto por el otro, se olvidan del otro y de la democracia. Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago. Lo mismo vale para los que organizan fiestas clandestinas y más aún para los que concurren.

El gobierno y la gran mayoría de los uruguayos han hecho un gran esfuerzo para que la pandemia no se lleve puesto al país. De no ser por ello, estaríamos padeciendo lo que sufren hoy los vecinos del barrio. Solo un mezquino que abraza causas mezquinas puede querer que al Uruguay le vaya mal en cualquier momento de su historia, pero particularmente hoy, cuando el mundo entero padece una peste. Quienes creen que sacarán partido de todo esto, no merecen ser orientales.

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