Diego Fischer
Diego Fischer

Mujica salió en Carnaval

Estamos en Carnaval y no se escucha a ninguna murga. Y a falta de cuplés y de parodias salió Mujica a hablar. El martes pasado, en su audición radial, el expresidente arremetió contra el gobierno por el uso de las residencias presidenciales de Suárez y de Punta del Este.

“Cuando se insiste tanto con políticas de recorte, por qué no empezar por casa, y darle un ejemplo al país", sostuvo para luego proponer desprenderse de las residencias oficiales de Suárez y Reyes y de Punta del Este. Según él, ambas casas implican gastos “parafernalios” y “prescindibles”.

Antes de ir al fondo del tema, vale la pena recordar que la casona de la avenida Suárez y Reyes es residencia oficial de los presidentes de la República desde 1948 y que otro tanto sucede con la finca de Punta del Este. Fue durante el gobierno de Luis Batlle Berres (1947-1951) que la casona del Prado adquirió dicho estatus; hasta entonces Uruguay era el único país de la región que no contaba con una casa para que sus jefes de Estado vivieran con sus familias mientras ejercieran el cargo.

En 1947, el empresario argentino Mauricio Litman, donó al Estado una casa sobre la avenida Roosevelt del balneario para que fuera el lugar de descanso de los presidentes.

Desde entonces, ambas casonas fueron ocupadas o frecuentadas por casi todos los presidentes. La excepción la constituyeron Tabaré Vázquez y Mujica. Vázquez no se mudó en sus dos mandatos a Suárez pero sí usó la casona para reuniones, al tiempo que frecuentó la finca de Punta del Este. Mujica no utilizó ninguna de las dos residencias. Cabe señalar que el Estado uruguayo posee también la estancia presidencial de Anchorena en Colonia, donada por testamento -en 1965- por el argentino Aarón de Anchorena con la condición de que fuera lugar de descanso de los presidentes uruguayos.

Las casas presidenciales son fincas decorosas y dignas que la ciudadanía le da en préstamo a los presidentes para que puedan vivir con sus familias. Representan y reflejan la austeridad del Uruguay, un país republicano hasta la médula. No son palacios ni edificaciones ostentosas. Son buenas casas. Cuando el retorno de la democracia en 1985, el presidente Julio María Sanguinetti y su esposa Martha Canessa se encargaron de decorar la residencia de Suárez con obras de arte -propiedad del Estado- de los artistas más notables de nuestro país. Fue una forma de mostrar lo mejor de nuestra cultura a los mandatarios extranjeros y personalidades ilustres del mundo entero que visitaban la finca. El criterio se mantuvo en los gobiernos de Luis Alberto Lacalle Herrera y de Jorge Batlle.

Afirmar que las residencias oficiales están llenas de boato monárquico y parafernalia, es una gran mentira. Es también ignorar maliciosamente la historia del país y desconocer la sencillez que ha caracterizado siempre a los gobernantes de los partidos históricos. “En una república nadie es más que nadie, y que como tal, tenemos que diferenciarnos claramente del boato monárquico", afirmó Mujica.

Tal vez para Mujica, vivir en una casa limpia, decorosa, vestirse correctamente, presentarse aseado y peinado en público y hablar respetando las normas del idioma español sean lujos de la realeza. Yo sostengo que es la más genuina y uruguayísima sencillez republicana.

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