Diego Fischer
Diego Fischer

Mujica y su pesadumbre

Aplaudido de pie por sus pares, fue despedido el Presidente José Mujica el jueves último en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) celebrada en Costa Rica. Mujica aprovechó la ocasión para realizar uno de sus ya clásicos discursos en los que arremete contra el capitalismo, el consumismo y —en esta ocasión— también hizo una defensa ecológica.

Aplaudido de pie por sus pares, fue despedido el Presidente José Mujica el jueves último en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) celebrada en Costa Rica. Mujica aprovechó la ocasión para realizar uno de sus ya clásicos discursos en los que arremete contra el capitalismo, el consumismo y —en esta ocasión— también hizo una defensa ecológica.

Pero en su extensa alocución, esas que el Presidente y sus asesores saben que despiertan la atención de los medios de comunicación internacionales y que le han servido a lo largo de su mandato para crear primero y proyectar después su imagen a nivel mundial, formuló una reflexión en la que vale la pena detenerse: “No me siento orgulloso. Me siento con pesadumbre de que en mi país quede un 0,5% de indigentes y un 10% de pobres. Porque no debería de haber nadie, porque la naturaleza nos dio demasiados recursos, y tal vez nuestra incapacidad, nuestros desacuerdos, lo explican. No le voy a pedir cuentas al imperialismo yanqui ni a la prepotencia europea porque eso es de suyo y en el fondo ha sido incapacidad nuestra”.

Más allá de la discusión bizantina si la pobreza y la indigencia en el Uruguay durante su gobierno cayeron a los porcentajes que mencionó, lo cierto es que muchos uruguayos no tenemos la misma percepción.
El descenso de la pobreza no se traduce solamente en que la gente tenga ahora un ingreso más alto y que —según las estadísticas— haya pasado a una franja superior que establece que ya no se es indigente o pobre. El mejor ingreso es un indicador, pero no el más importante. Antes de sacar una conclusión, habría que saber de dónde proviene esa mayor cantidad de dinero que las personas perciben: ¿De las transferencias que el Estado realiza a través de sus programas sociales? ¿O estos compatriotas salieron de la pobreza porque se incorporaron al mercado laboral? Si se trata del primer caso estamos ante una falacia.

Desde hace varios años la tasa de desempleo en Uruguay, registra niveles históricamente bajos y existen rubros con pleno empleo y profesiones en los que la demanda de trabajo excede a la oferta. Son datos de la realidad y sería una necedad ignorarlos. ¿Pero qué sucede en aquellos sectores de la población que han hecho de las ayudas del Mides su forma de vida?

La pobreza se mide también por el grado de educación o de instrucción que tienen las personas. ¿Esta información está contenida en las estadísticas que manejó Mujica? ¿Acaso no son pobres y están condenados a seguir siéndolo los niños, adolescentes y adultos que hoy o bien no saben leer y escribir o son incapaces de comprender un simple texto? Tal vez sea este uno de los datos más elocuentes de la pobreza en Uruguay. La manida frase educación, educación y educación, pronunciada por Mujica ante la Asamblea General el 1° de marzo de 2010, se convirtió en su mayor fracaso. Para un hombre, que en cuanto foro internacional ha arremetido contra el consumismo, (lo volvió a hacer en su despedida de la Celac), debe tener un sabor amargo comprobar que las ventas en shoppings y la comercialización de coches cero kilómetro alcanzaron las cifras más altas de la historia del Uruguay. En contraposición la educación descendió a los niveles más bajos, jamás antes conocidos en el país. ¿No es esto una muestra contundente de pobreza?


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