Diego Fischer
Diego Fischer

Al fin, llegó la hora

Hace mucho tiempo que quería escribir esta columna, años. El 2019 cierra una década y media que -quizá- fue necesaria vivirla para que no se vuelva a repetir.

La denominada era progresista llega a su fin y clausura un ciclo de tres gobiernos consecutivos populistas que dejan el gusto amargo del desencanto para quienes les creyeron y los votaron. Y un país con muchas cuentas pendientes que bien pudieron saldarse a lo largo de estos tres lustros. No todo fue tan malo, pero todo pudo y debió ser mejor.

El Uruguay del 2019, en términos económicos, es mucho más rico que el del 2005, es cierto. Pero también es más desigual, más injusto, más violento, mucho más inseguro y con el nivel de educación más bajo de toda su historia.

Como nunca antes, expulsa a los hijos mejor preparados de su clase media a buscar en el exterior un futuro inexistente en su propia tierra. Castiga con impuestos siderales al que más trabaja y subsidia la pobreza, alimentando el círculo maldito de miseria e ignorancia.

Todos lo sabemos, aunque los que gobernarán hasta el próximo 1. de marzo no se den por enterados. El soberano fue categórico el 27 de octubre y confirmó su voluntad el 24 de noviembre.

Se abre pues, un nuevo tiempo. Como tal, lleno de esperanzas y de ilusiones. Una coalición multicolor es el sustento de la próxima administración; experiencia nueva en el país por la cantidad de partidos que la integran. El cambio será de contenido y de forma .

Se efectivizará también una imprescindible renovación generacional. Se ha informado en estos días que el promedio de edad del futuro gabinete es veinte años menor que el del actual. El propio Luis Lacalle, con sus 46 años, es dos generaciones más joven que Tabaré Vázquez .

Desde ya sabemos que la tarea no será fácil y que dependerá de cuánto estemos dispuestos los ciudadanos de buena fe a apoyar al nuevo gobierno .

Las voces agoreras están siempre a la hora del día. Son los nostálgicos de un tiempo que pasó, de un mundo que en realidad nunca existió y de un país que ellos imaginaron en sus mentes. Son también los que han usufructuado de privilegios y prebendas a lo largo de estos quince años. Admiradores de tiranos, socios políticos de los delincuentes del barrio, han defendido lo indefendible y se parapetaron en el poder creyendo que las cosas duran para siempre.

Son el pasado, aunque no lo quieran asumir.

En el 2020, comienza una nueva década y un nuevo tiempo. En esta, mi última columna del 2019, quiero expresar la ilusión por el porvenir, mi fe en el futuro y mi confianza en quienes llevarán las riendas del país. No es una mera expresión de deseos, sino la certeza de que a partir del primero de marzo, los uruguayos empezaremos a reencontraremos con nuestra esencia como nación. En otras palabras ; un país mejor más próspero y justo para todos, en el que el trabajo y el esfuerzo sean las únicas herramientas para la superación personal.

Un Uruguay, con este mismo marco de libertad que gozamos desde 1985, en el que volvamos a sentirnos orgullosos como orientales por la educación y el trabajo de nuestra gente.

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