Diego Fischer
Diego Fischer

Un libro contra el Covid

He dado tantas vueltas antes de sentarme a escribir esta columna, pero llega la hora de entregarla y no puedo demorarme más.

Durante todos estos días me propuse no escribir sobre la pandemia y tampoco de política y caí en la cuenta qué falto de temas está el panorama informativo nacional e internacional. La peste lo ha copado todo y resignados hemos cedido territorios que un año y medio atrás lo ocupaban la música, el cine, los libros, el teatro…

Creo que no soy un bicho raro si digo que estoy harto de la pandemia. Que veo poco los informativos de televisión porque me agotan y escucho cada vez menos la radio por la misma razón. No es un reproche a los colegas que trabajan en uno y otro medio, ellos están cumpliendo con su trabajo, pero es tanta la información que se repite.

Ayer, viernes, por fin un respiro. Fue el Día Internacional del Libro y tuve la suerte de participar o sumarme a un par de actividades en Instagram que hablaban de literatura. ¡Qué placer y qué alivio! Nada o casi nada dijeron los medios. No se acordaron que cada 23 de abril se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Cervantes, Shakespeare y del Inca Garcilaso de la Vega, los tres fallecidos el mismo día de 1616. Por tal razón y coincidencia la Unesco resolvió, en 1995, que se declarara dicha fecha como el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor.

Si algo hay que rescatar de esta historia que comenzó el 13 de marzo de 2020, es justamente que hemos tenido mucho más tiempo para leer. Y la lectura ha sido una de las válvulas de escape a la que muchos han apelado para no solo evadirse del momento que nos toca vivir, sino también, en algunos casos para buscarle un sentido a este tiempo de dolor, pérdidas, miedo e incertidumbre. No en vano, en los primeros meses de 2020 y cuando el mundo todo se vio sometido a la misma tormenta, La peste de Albert Camus fue el libro que se ubicó en el primer lugar de ventas en los ránkings de las principales capitales del mundo, incluyendo Montevideo y Buenos Aires. Y pese a que el escritor francés lo publicó en 1947 y la historia transcurre en la ciudad de Orán en 1849, su vigencia es notable en cuanto aporta una reflexión sobre que el hombre no tiene ni ejerce el control sobre nada.

¿Cuántas vidas habrá salvado la lectura en todo este tiempo? Me refiero a la cantidad de personas para quienes los libros actúan como antídotos contra la depresión y tantas otras enfermedades de la mente. O son la compañía de muchas personas solas y asiladas de los afectos por el rigor de las circunstancias.

“La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”, decía Jorge Luis Borges. Seguramente el genial escritor argentino, si viviese, hubiera formulado una reflexión brillante para definir el rol que los libros están jugando hoy en este mundo apestado.

Mientras aguardamos y alentamos la llegada de tiempos nuevos qué mejor que un libro acompañado de buena música. Cuando queramos acordarnos ya estaremos nuevamente yendo a un concierto o recital de música, sacando entradas para el teatro o para el cine, aprontándonos para ir a una exposición de pintura o simple y sencillamente a la rueda de café con los amigos de siempre para arreglar el mundo, discutir de política o de fútbol y por qué no, recomendar y recibir recomendaciones sobre el último libro que leímos.

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