Diego Fischer
Diego Fischer

El legado de Martínez

La crisis militar rezagó a un segundo plano noticioso otra información de gran relevancia, la renuncia del intendente de Montevideo, Daniel Martínez.

Durante varias semanas en el Palacio Municipal estuvieron jugando al Ta-Te-Ti, a ver quién se hacía cargo del trono departamental. Finalmente será el prosecretario Christian di Candia quien deberá ejercer el cargo hasta el 2020, cuando se celebren los comicios departamentales.

Ningún cambio puede esperarse con el nuevo titular, fue parte del equipo de su predecesor y todos sabemos que el modelo de gobierno municipal que el Frente Amplio aplica desde hace casi treinta años, se agotó dos décadas atrás. Solo un dato interesante el nuevo intendente, tenía siete u ocho años en 1990, forma parte de esa generación que solo vio gobiernos de izquierda en la capital. Es para el promedio de dirigentes frenteamplistas muy joven, aunque tenga 37 años.

¿Qué dejó la administración Martínez? Aquí hay, por lo menos, dos visiones. La que el hoy precandidato frenteamplista tiene y la que la realidad nos muestra. Martínez habla de una ciudad limpia, en la que, gracias a su gestión, la basura es un problema solucionado, con un servicio de transporte eficiente (como se ve que nunca tomó un ómnibus en los últimos veinticinco años), con calles y avenidas que posibilitan un tránsito fluido , sin inconvenientes.

Una ciudad, que si uno fuese extranjero y lo escuchara hablar y se guiara por sus palabras exclusivamente, correría a hacer las valijas para mudarse y radicarse en ella.La otra ciudad, la que los montevideanos que vivimos y recorremos sus calles todos los días, es muy distinta. Mugrienta, ya no sucia, convertida en un gran basural que rota por los diferentes barrios según ordena Adeom , quien a su antojo dispone cuándo y en qué zonas se vacían los contenedores. Con un pésimo transporte, donde mandan los empresarios que mejor saben hacer lobby o colgarse del poder, y con un servicio de taxímetros deplorable. Una ciudad cercada por cámaras que controlan la velocidad del tránsito, pero cuyo fin fue siempre multar para recaudar más y más. En 2018, cerca de U$S 35 millones embolsó la Intendencia solo por este concepto. Eso sí, jamás se encontrará un inspector de tránsito, esos que llevan un porcentaje por las multas que aplican, cuando hay un problema real en la calle.

La Montevideo real, es la que exhibe sin cargo de conciencia a centenares de compatriotas durmiendo, sus sueños de pasta base y alcohol en las calles y aleros de todos los barrios. Montevideo una ciudad abandonada y maltratada, por sus autoridades y también por muchos vecinos.

Martínez fue un eslabón más de la cadena de administraciones del Frente Amplio en la capital. Nefasta como la de sus antecesores Ricardo Ehrlich y Ana Olivera. Creyó y cree que llevó adelante una “revolución” en la ciudad. A esta altura la visión e interpretación de la realidad que tiene Martínez, no sé si es fruto de una patología visual severa o de un trastorno de otra índole.

No soy médico para hacer un diagnóstico. Puedo afirmar que, si hubo una revolución durante su gestión, los montevideanos fuimos los derrotados. ¿De qué otra forma puede uno sentirse frente ante tanto dislate y desidia?

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