Diego Fischer
Diego Fischer

El hartazgo y la esperanza

Cada año que empieza es una esperanza que se renueva. En este 2019 a la esperanza se suma la ilusión de que podemos cambiar nuestro destino. Por primera vez en quince años estamos ante la oportunidad única de cerrar un ciclo demasiado largo, demasiado complejo, demasiado escandaloso.

Los tres períodos consecutivos de gobiernos del Frente Amplio han generado hoy un hartazgo en gran parte de la población. No se puede ser simplista y sostener que todo lo que ha hecho la coalición de izquierda fue malo. Pero sí que son tantos los errores, las promesas incumplidas, los casos de corrupción y los gestos de soberbia que han generado una sensación de agobio y bronca en la población. Quizá el síntoma más elocuente de lo que vive y siente la mayor parte de la ciudadanía, es la propia actitud del gobierno al negar la realidad.

Es la prensa de derecha, son las encuestadoras las responsables de que la gente que en 2004 apostó por un cambio y que renovó su confianza en 2009 y 2014 se sienta defraudada y apunte su mira a los partidos de la oposición, argumentan desde la Presidencia de la República.

En tres ocasiones, la ciudadanía apostó por cambios profundos y necesarios en la educación y en la seguridad. Y a soñar con un país justo con oportunidades para los más jóvenes, los pequeños empresarios y para todos aquellos que en una sociedad contribuyen a generar riqueza y conocimiento. Anhelaban un Uruguay sin compatriotas durmiendo en la calle sus sueños de droga y alcohol. Un país sin miseria y miserables. Sin asentamientos y zonas liberadas donde el Estado no ejerce su legítima autoridad y las personas de trabajo son rehenes de los narcotraficantes.

Lo que sucedió a lo largo de estos casi quince años, fue muy distinto. La mayor parte de las promesas quedaron en el camino y no fue por falta de tiempo ni de recursos.

La educación está en sus niveles más bajos, pese a que su presupuesto es el más alto de la historia. ¿Qué agregar al tema de la seguridad? Está casi todo dicho o perpetrado. ¿Y sobre el peso del Estado y su rapacidad con los que más trabajan y más producen?

¿Dónde quedó la ética, la honestidad y la transparencia de la que siempre hizo alarde la izquierda? El caso del ex vicepresidente Raúl Sendic y del senador Leonardo De León, son el símbolo más elocuente y patético de hasta dónde puede llegar el cinismo, la falta de escrúpulos y la impunidad de algunos políticos que ostentan circunstancialmente el poder. Sendic, su compañero de tropelías y la ausencia de sanciones contundentes, en tiempo y forma por parte del FA serán la mayor mancha vergonzante que esta fuerza política acarreará por mucho tiempo. No es la única, también su apoyo a la dictadura de Venezuela y seguir admitiendo que Cuba es una democracia, como lo hizo recientemente la pre candidata Cosse, forman parte de ese collar de perlas pestilentes. Lo más penoso que aquí no es una fuerza política la que está involucrada, sino la imagen del país todo.

A no desanimarse que todo esto puede cambiar pronto, en octubre o en noviembre. Depende únicamente de nosotros mismos y lo podemos lograr con el sencillo ejercicio del voto. Es el acto más sagrado que nos identifica a los orientales. Es la esperanza y la ilusión para este 2019.

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