Diego Fischer
Diego Fischer

Haberlo pensado antes

Esta es una fecha que se debe tener presente para que no se repita.

La interrupción democrática costó mucho al Uruguay, es bueno que año a año se recuerde, y que las generaciones posteriores puedan recibir el testimonio de esa época”, la afirmación la formuló la vicepresidenta Lucía Topolansky, en un acto celebrado el jueves pasado en el Palacio Legislativo con motivo de un nuevo aniversario del golpe de Estado.

Si uno analiza las palabras de Topolansky, sin tener presente lo que la vicepresidenta, su marido y sus aliados más cercanos hicieron en aquellos tiempos, no pueden ser más que compartidas.

Pero, en 1963 comenzaron las acciones terroristas del Movimiento Nacional de Liberación, Tupamaros (MLN-T). Uruguay era entonces una democracia, la única en América Latina con pleno ejercicio de todas las libertades. Dos años antes, el guerrillero argentino Ernesto Guevara, el Che, referente de los revolucionarios criollos, afirmó ante una multitud que lo aclamaba en el Paraninfo de la Universidad de la República :

(…) Tengo las pretensiones personales de decir que conozco América, y que cada uno de sus países, en alguna forma, los he visitado, y puedo asegurarles que, en nuestra América, en las condiciones actuales, no se da un país donde, como en el Uruguay, se permitan las manifestaciones de las ideas.

Ustedes tienen algo que hay que cuidar, que es precisamente la posibilidad de expresar sus ideas; la posibilidad de avanzar por cauces democráticos hasta donde se pueda ir; la posibilidad de ir creando esas condiciones que todos esperamos algún día se logren en América…

En 1963, en Argentina, Perón llevaba ocho años de exilio y asumía la presidencia el radical Arturo Illia para ser derrocado, tres años después, por Juan Carlos Onganía. En Brasil, el presidente Joao Gulart atravesaba los últimos días de su mandato, que finalizaría con un golpe militar en 1964.

En Cuba, Fidel Castro con el propio Che a la cabeza, comenzaba a exportar su revolución por el continente. Mientras que en España, la dictadura de Franco vivía su apogeo , en Portugal mandaba la tiranía de Antonio Salazar y los países integrantes de la Unión Soviética, estaban sometidos a oprobiosos regímenes del llamado socialismo real.

Uruguay tenía entonces la mayor renta per cápita de todo el continente. Los uruguayos votaban cada cuatro años. La libertad de expresión y comunicación era irrestricta. La economía vivía un período de contracción y la bonanza que el país había gozado durante la década de 1940 y hasta el fin de la guerra de Corea (1950-1953), pasó a ser parte del pasado.

En los años siguientes, la crisis económica se fue profundizando y una ola de violencia se apoderó de la sociedad. Atentados, robos, secuestros y asesinatos fueron perpetrados por el MLN-T. Los tupamaros que desoyeron a Guevara, arremetieron con sus actos terroristas contra la democracia. Cavaron la fosa en la que los militares enterraron a las instituciones el 27 de junio de 1973.

Hoy se da la paradoja que Topolansky, figura clave de aquellos años de violencia y terror, ocupe legítimamente la vicepresidencia de la República y que afirme que hay que “pensar en lo que se pierde cuando ya no hay democracia”.

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