Diego Fischer
Diego Fischer

¡Gracias Carlos Julio!

Mañana, Carlos Julio Pereyra, una figura histórica del Partido Nacional, concurrirá a las urnas a votar en lo que constituirá su decimoséptima elección presidencial. Un récord difícilmente igualado.

Es que el pasado 14 de noviembre, Carlos Julio cumplió 97 años y su aniversario pasó inadvertido para muchos en el fragor de la campaña electoral.

Nacido en Rocha en 1922, tuvo el privilegio de ser protagonista de buena parte la historia política del país. La de maestro y profesor de Historia fue la profesión de su juventud. Comenzó a militar en 1951 en el nacionalismo independiente junto a Javier Barrios Amorín, con quien fundó el Movimiento Nacional de Rocha.

Accedió a su primer cargo electivo en 1958 cuando resultó electo para integrar el Consejo de Administración Departamental de Rocha; eran los tiempos del colegiado. En 1963 accedió por primera vez a una banca de diputado y desde entonces jugó un rol fundamental en el Parlamento, en la Cámara de Representantes y en el Senado. En 1971 integró como candidato a la vicepresidencia la histórica fórmula presidencial que encabezó Wilson Ferreira. Al retorno de la democracia, en 1985, volvió a ser electo senador y renovó su banca hasta el 2005.

Se hizo blanco por mandato de sangre. Su padre, Juan Elías Pereyra, luchó en 1904 bajo las órdenes de Juan José Muñoz, el jefe político de Maldonado y hombre de la mayor confianza de Aparicio Saravia. Con el estudio de la historia, reafirmó sus convicciones. Le gusta recordar a Manuel Oribe, emblema de la honradez administrativa, a Leandro Gómez en su lucha por la soberanía del país, a Saravia, que dio su vida por el voto libre de todos los uruguayos y a Luis Alberto de Herrera por su condena a todo imperialismo y su defensa de la dignidad nacional.

Dichos principios defendidos a ultranza le valieron persecución y dos atentados contra su vida durante la dictadura. En esos años, proscripto por el régimen, integraba junto a Mario Heber y Dardo Ortiz, el Triunvirato del Partido Nacional. El más conocido de los episodios fue el de las botellas de vino envenenadas (1978), que le costó la vida a Cecilia Fontana de Heber. Escuchar el relato de lo sucedido contado por el propio Carlos Julio, pone la piel de gallina.

Pero no es su hoja de ruta lo que quiero rescatar hoy. Sino sus valores, su trayectoria sin sombras, su apego irrenunciable a la democracia, a la ley y a la ética.


Valores que enarboló y que pregonó con el ejemplo cuando era parlamentario. Banderas que no arrió y sigue blandiendo ante las nuevas generaciones que lo visitan para conocer la historia de primera mano o pedirle algún consejo. A pesar de su edad y algunos achaques de salud, mantiene una lucidez extraordinaria y su vocación de servicio no ha menguado. Porque como un servicio al prójimo y al país encaró siempre a la política. Atento a todo lo que acontece en Uruguay y el mundo, no oculta su indignación por los casos de corrupción que se han denunciado en los últimos tiempos y la falta de una condena enérgica. Hace suya una frase de Wilson Ferreira y afirma: “Los partidos políticos han de ser como ríos que van dejando la resaca en la orilla”. ¡Gracias Carlos Julio! En palabras de Bertolt Brecht, usted es un hombre imprescindible.

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