Diego Fischer
Diego Fischer

El estigma del Mides

Aunque la cifra data de 2011, se estima en más de mil setecientos las personas que hoy viven en la calle; mil de estos ciudadanos corresponden a Montevideo y la zona metropolitana.

Aunque la cifra data de 2011, se estima en más de mil setecientos las personas que hoy viven en la calle; mil de estos ciudadanos corresponden a Montevideo y la zona metropolitana.

Días atrás, el director de Políticas Sociales del Mides, Matías Rodríguez, informó que se están “repensando las estrategias” para las personas en situación de calle y la solución no pasa por ampliar los refugios, sino por la creación de casas inspiradas en modelos aplicados en Europa.

Quien camine a cualquier hora por Montevideo y por cualquier barrio se encontrará con hombres y mujeres durmiendo en la calle. No es algo nuevo, es una de las postales más terribles y denigrantes que la capital muestra desde hace mucho tiempo. Se ha dicho que se trata de personas que se niegan a concurrir a un refugio a pasar la noche y que -en un porcentaje muy alto- sufren de patologías psiquiátricas, adicción a las drogas o al alcohol. Seguramente sea así, lo que es inadmisible que la situación se siga prolongando desde que estalló con la crisis de 2002. Rodríguez, sostuvo que la idea es “construir autonomía a partir de un hogar propio” y añadió que “cualquier proceso educativo, de aprendizaje y que busca construir autonomía, apuesta a la responsabilidad y al compromiso familiar”. Fue categórico cuando habló de contrapartidas. “Si la contrapartida está pensada en la exigencia de pagar algo, no”, sentenció. Para luego agregar que “hay una insistencia en estas cuestiones de las contrapartidas que resulta estigmatizante a la propia población”.

El señor Rodríguez se equivoca. ¿Puede haber mayor estigma que vivir en la calle? ¿Existe acaso una manifestación más elocuente de la miseria que haber hecho de la calle su casa y no querer abandonarla? Creo que nadie está pensando que estas personas enfermas, adictas o en situación de extrema vulnerabilidad, puedan pagar hoy con dinero el alojamiento transitorio que el Estado eventualmente les vaya a brindar. Más allá de que, casi siempre, en el Uruguay lo transitorio se convierte en permanente y lo permanente en transitorio. Sí, deberían compensarlo con el sometimiento a tratamientos médicos que les permitan superar la adicción que padecen o estabilizar la enfermedad que sufren, para encarar una vida en base al trabajo y al esfuerzo personal. Porque no hay estigma peor que vivir de los otros y no hacer nada por cortar esa dependencia.

Luego de once años de aplicación de políticas sociales que han demostrado, en la mayoría de los casos, su ineficacia, después de escuchar decir a la actual ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi una y otra vez, que no exigirá nunca contrapartidas a los beneficiarios de los planes pergeñados por el Mides, aunque las mismas consistan en controlar la asistencia de los niños a las escuelas, de los adolescentes a los liceos y de las madres embarazadas a los controles médicos. Luego de todo el camino recorrido para seguir en el punto de partida, se insiste con la misma actitud. La humildad no parece ser una de las virtudes de Arismendi, tal vez por ello no entienda que los errores se deben reconocer y que de ellos se aprende. Claro que para eso hay que tener sentido de autocrítica.

“Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, dice el Génesis. Este fue el lema de nuestros abuelos y padres.



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