Diego Fischer
Diego Fischer

Las dádivas de Bonomi

El domingo le tocó el turno al ministro de Ganadería Tabaré Aguerre, a quien dos delincuentes le arrebataron el celular mientras caminaba por la rambla Gandhi a la altura de Leyenda Patria. Lesiones leves en la mano le ocasionaron los delincuentes que viajaban en una moto negra.

El domingo le tocó el turno al ministro de Ganadería Tabaré Aguerre, a quien dos delincuentes le arrebataron el celular mientras caminaba por la rambla Gandhi a la altura de Leyenda Patria. Lesiones leves en la mano le ocasionaron los delincuentes que viajaban en una moto negra.

Un par de días antes, una amiga de mi hija mayor y su madre fueron perseguidas por dos delincuentes también en moto. Sucedió a las 14 horas, en plena calle Ellauri a la altura de Juan María Pérez, en Punta Carretas. Los asaltantes estaban merodeando el lugar y cuando vieron a las potenciales víctimas se abalanzaron sobre ellas. Un rápido reflejo de la joven y la solidaridad del portero de uno de los edificios de la zona, que les permitió que se refugiaran en el palier, evitó que fueran víctimas de una rapiña o vaya a saber qué. Aun así, los ladrones permanecieron un buen rato más, agazapados en la esquina siguiente. ¿Serían los mismos que arremetieron contra Aguerre? Una señora que caminaba por Av. Italia rumbo al Hospital Británico quedó con el brazo destrozado, por la violencia a la que la sometieron al arrancarle la cartera.

Ayer visité un colegio en Sayago. Su portera me abrió la puerta con amabilidad y se cercioró luego de que quedara bien cerrada con doble llave. “No podemos distraernos ni un minuto”, me dijo. Y me contó que la zona, desde hace mucho tiempo, está asolada por jóvenes consumidores de pasta base que, al menor descuido, se meten para robar lo que sea. Directora y maestras deben redoblar la vigilancia cuando los niños salen, porque las mochilas y las carteras de las madres que vienen a buscar a sus hijos son el botín más codiciado. Cuando me fui y luego de caminar un par de cuadras por la avenida Ariel, pude ver a un grupo de adolescentes en los alrededores de un supermercado, a la espera tal vez, de su próxima presa. Sayago no es precisamente un barrio cajetilla. Sus habitantes son fundamentalmente de clase media.

Nada de lo que comento es noticia. Desde hace mucho tiempo los montevideanos nos hemos acostumbrado a ver, o ser víctimas de rapiñas, arrebatos y robos. Caminar por la ciudad, cualquiera sea el barrio, es exponerse a sufrir un atraco. Tampoco es seguro andar en coche porque los mismos ladrones que andan en moto también se ensañan contra los automovilistas y particularmente si quienes conducen son mujeres. Un capítulo aparte es transitar de noche por el Centro de Montevideo y la Ciudad Vieja. ¿Se acuerda que hace poco más de una década la Ciudad Vieja vivió un momento de auge con la proliferación de restoranes y boliches que explotaban de clientes y turistas por las noches? Hoy eso pertenece al pasado y el casco antiguo de la ciudad, ni bien se oculta el sol, va camino a convertirse en una zona liberada más de la capital. En su momento, mucha gente invirtió importantes sumas en remozar o abrir comercios. Pero se sabe que en el Uruguay de estos tiempos, lo único seguro es el aumento de tarifas, la voracidad fiscal del Estado y los títulos apócrifos de algún gobernante.

La semana pasada en Rivera, el ministro del Interior, Bonomi, anunció que la cédula de identidad será gratis a quienes se la hayan robado. Si no fuera que el Poder Ejecutivo prepara un decreto, uno podría pensar que se trata de un chiste. Ministro: ¿no sería mejor abatir los altísimos índices de rapiñas, en vez de otorgar dádivas?

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