Diego Fischer
Diego Fischer

Cúmplase, es ley

Quizá fue una coincidencia o no.

Lo cierto que el pasado miércoles 18 de diciembre, día en que se cumplían exactamente 82 años de la promulgación de la Ley de Derechos de autor, la Cámara de Diputados sancionó la ampliación de 50 a 70 años de la protección sobre las obras de autores, creadores, músicos e intérpretes uruguayos.

La iniciativa del senador del Partido Independiente, Pablo Mieres, finalmente prosperó. Meses atrás, Mieres había planteado aggiornar la ley N. 9739 de 1937 que, en su momento reconoció a los artistas, músicos, creadores, intérpretes y científicos nacionales y puso, al Uruguay a la vanguardia en América Latina. Aquella norma había sido una iniciativa del entonces ministro nacionalista de Instrucción Pública Eduardo Víctor Haedo, un hombre que marcó un antes y un después en las políticas culturales del Uruguay. Con la extensión aprobada el miércoles, nuestro país se puso a tono con Europa y los países del resto del continente, a excepción de Bolivia.

Diputados dio la media sanción con 75 votos en 79. Se opusieron los legisladores del Frente Amplio afines al sector Casa Grande de la senadora Constanza Moreira, que a partir del próximo 15 de febrero perderá su representación parlamentaria. Horas antes el Senado había dado la media sanción al proyecto Mieres, con el voto negativo de Rafael Paternain suplente de Moreira.

Moreria y sus legisladores impulsaron la mal llamada ley de fotocopias que, con el apoyo del Pit-Cnt y de la Feuu había logrado, en diciembre de 2017, entre gallos y medias noches aprobación del Senado. Tiempo después, una investigación del periodista Leonardo Haberkorn dejó al descubierto qué intereses estaban detrás de una norma que de haber prosperado hubiera destruido no solo a la industria editorial local, sino que también hubiera condenado al hambre a centenares de personas que han hecho de la creación intelectual su forma honrada de ganarse la vida. Curioso, aquellos que dicen defender los derechos de los trabajadores quisieron aniquilar a una parte importante de ellos. Con la sanción parlamentaria y con la renovación de ambas cámaras en febrero, quedará en olvido las propuestas de la fenecida Casa Grande.

Ahora es tiempo de celebrar.y de reflexionar sobre la importancia de la protección de los derechos de autor, que no es otra cosa que el reconocimiento del trabajo y el esfuerzo no solo de los autores y creadores, sino de cientos de profesionales que trabajan gracias a la producción de los mismos. Cuando el tema de la ley de fotocopias y, luego, el senador Mieres presentó su propuesta, El País cuestionó enérgicamente la primera y respaldó la segunda.

Cabe recordar que días después de la aprobación de la ley de derechos de autor de 1937, y agradecida porque a partir de entonces podría pagar sus medicamentos y el alquiler de su casa con que generaban las obras de su marido, la viuda de Sánchez le escribió a Haedo la siguiente nota: "Al obsequiarle a Usted que tanto ha hecho por los intelectuales de este país, poniendo toda su energía, todo su dinamismo a la sanción de una ley tan justa y tan noble, como la de Propiedad literaria, quiero que conserve este mate y bombilla de mi esposo como una reliquia. Catalina Raventos de Sánchez".

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