Diego Fischer
Diego Fischer

Ya fueron, se van

Se cierra una etapa, termina un ciclo. Una historia que ilusionó y entusiasmó a muchos finaliza con una gran frustración. La soberbia ganó la partida en estos 15 años, y ahora se marchará derrotada y dejando un tendal.

¿Puede haber peor ladrón que aquel que roba una ilusión? Porque eso fue el Frente Amplio en estos 15 años: un ladrón de las ilusiones de mucha gente.

En 2004, ganó las elecciones en un Uruguay que sangraba por las heridas de la crisis del 2002. Aún así, recibió un país en paz y con una economía en crecimiento. Le tocó gobernar en un contexto internacional excepcionalmente favorable, sin precedentes en la historia del país. Entonces prometió hacer temblar hasta las raíces de los árboles, acabar con lo que sus dirigentes calificaban como décadas de injusticia social, indiferencia por los más necesitados, revolucionar la educación, abatir las rapiñas y hacer del Uruguay un país de primera.

En su afán refundacional, la coalición de izquierda se olvidó de sus postulados y gobernó para sus amigos, sus familiares, sus aliados sindicales y los lobistas. Castigó con impuestos a la clase media y se preocupó de exonerar a las multinacionales. Nunca, como en estos años, los extranjeros adquirieron tanta tierra (cerca del 40% de los campos productivos están en manos de extranjeros) y se expulsó a tantos miles de pequeños y medianos productores. Al comercio y a la industria no les fue mejor.

Sus dirigentes más notorios se abrazaron a Hugo Chávez y a Cristina Kirchner; y no dudaron en mantener su apoyo a Nicolás Maduro, mientras la expresidenta chilena, la socialista Michelle Bachelet denunciaba los asesinatos y las atrocidades de una oprobiosa dictadura. Digamos que es coherente con lo pregonado por el expresidente Mujica, quien aconseja “no ponerse delante de las tanquetas”, cuando una infame tiranía arremete contra los manifestantes que reclaman libertad y pan.

¡Qué decir de un expresidente que se refiere a los militares como “carne con ojos con uniforme”! Se trata de los mismos hombres que son reconocidos por su entrega en las misiones de paz de la ONU y a los que el Poder Ejecutivo les ordena socorrer a civiles en las inundaciones.

“Si es de izquierda no es corrupto, si es corrupto no es de izquierda”, sostuvo, en 2016, el entonces vicepresidente Raúl Sendic en un foro en México. Tuvo la impudicia de hacer gárgaras de honestidad y moral administrativa, luego de haber fundido a Ancap y ostentado un título universitario que nunca tuvo y que solo Lucía Topolansky vio. Ni hablar de su manejo con las tarjetas corporativas.

Este es el mismo gobierno del diputado Alejandro Sánchez, delfín de Mujica, que homenajea y se enorgullece por la toma de Pando, uno de los actos terroristas más oprobiosos perpetrados por los tupamaros en el comienzo de su sangrienta carrera.

Hoy escuchamos al candidato a la presidencia del Frente Amplio, Daniel Martínez, hablar de un país que solo existe en su imaginación y a su compañera de fórmula dividir a la ciudadanía entre oligarcas y pueblo. Hablan al mejor estilo de la Dinarp, la Dirección de Relaciones Públicas de la dictadura, que sembró mentiras durante doce años. El domingo 27, comenzamos a ponerle punto final a tanta soberbia y tanto engaño.

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