Danilo Arbilla
Danilo Arbilla

De eso se trata

Yo aquí, quietito en casa. Con mi edad y mis nanas y viendo televisión española, me quiero matar. ¿ Y sobre qué escribir?

De política se puede decir poco. Las coaliciones cumplen con una adecuada pausa. La consigna y la obligación es ayudar y respaldar en la emergencia. Algunos con responsabilidad y convicción. Otros para guardar las formas y hasta por ahí, como ya se vio durante la crisis del 2002 .

Alguna vez le dije a Batlle: “Ligó mal, entre la aftosa y la crisis argentina”. Y su respuesta fue: “No, todo lo contrario, ligue bárbaro, de no haber sido así no hubiera podido hacer nada, pero la crisis se superó y al final entregamos un país en marcha y creciendo . Si hubiera sido un período normal, entre Lacalle, Sanguinetti y el Frente me hubieran vuelto loco. Pero la crisis los asustó a todos y como no tenían muy claro lo que había que hacer, pusieron el hombro”. Cosas de Batlle.

Ojalá opere de la misma forma y con los mismos resultados para con el presidente Lacalle Pou.

Escribir sobre economía, menos. Hablé con varios economistas y ninguno se atreve a hacer pronósticos. Todos son serios. Nadie sabe qué va a pasar con esta peste, cuánto va durar y cuán larga va a ser la “cuarentena”, como para prever a cuánto se va a ir el dólar y qué va a pasar con los jubilados.

Los grupos de presión van por lo suyo, y es legítimo. Nadie quiere que se ajusten las tarifas y en esto empresarios, obreros y estudiantes unidos y adelante. Se piden exoneraciones, dólar “realista”, prórroga de vencimientos, alguna exención extra, no tocar beneficios, mejorar seguro de paro. Claman por lo suyo. Pero ¿de dónde sale la plata para pagarle a los casi 300 mil funcionarios, los más de 800 mil beneficiarios del BPS, los seguros de paro, los beneficios y apoyos a los no protegidos? Los milagros llevan su tiempo.

Un dirigente sindical advertía en Búsqueda “queremos que por lo menos se vaya visualizando el mediano plazo, porque si no va a ser mucho desorden .Y el desorden genera caos, genera incertidumbre en las trabajadoras y los trabajadores, y lo peor que puede pasar es que a una emergencia sanitaria, que ya está generando cierto caos, se le sume el caos de la situación laboral”. Y sin duda es todo muy grave y como se dice, el caos perjudica a casi todos y no favorece a casi nadie, salvo a quienes asumen que deben imponer el orden. Cuidado.

Cuentan que durante la guerra de Secesión y en momentos en que los sureños avanzaban al ritmo de “dixie”, en el norte eran muchas las críticas, los reclamos y las advertencias para el presidente Abraham Lincoln. Fue entonces que este llamó a representantes y dirigentes de los “grupos de presión”, y les dijo: “Señores supongamos que todas vuestras riquezas y todo vuestro futuro pudiéramos meterlo en un gran cofre del que yo estaría encargado de trasladarlo del borde de un precipicio al borde de enfrente, utilizando un tablón para salvar el vacío, Ustedes ¿estarían gritando haz esto, haz aquello, inclínate hacia un lado, hacia el otro, frena, retrocede, da pasos más largos o más cortos y más rápidos? No, no estarían haciendo eso, estarían todos en total silencio, esperando ansiosos que llegara al otro borde del cañón con vuestras riquezas a salvo. Pues de eso se trata, de eso me estoy ocupando y más que tantas recomendaciones me ayudaría un poco de silencio”, concluyo Lincoln.

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