Danilo Arbilla
Danilo Arbilla

Aquí no renuncia nadie

No sé. Debo ser yo, pero antes algunas cosas eran más fáciles. Con las encuestas, nomás. Estaba la del Pelado (Luis Alberto) Ferreira de Gallup y la tomabas o la dejabas. Ahora son tantas y las hay para todos los gustos.

Lo de la alegría y los festejos de los frenteamplistas por el triunfo de los “fernandezkirchner”, es otro caso. Es cierto que ya festejan cualquier cosa, pero, “¿qué tiene que ver un frenteamplista con un kirchnerista? ¿En que se parecen? ¿En sus formas de vida, en sus patrimonios? ¿Cuál de las dirigentes del FA se parece en algo a Cristina Kirchner en un extremo o a Milagros Sala en el otro? ¿Quieren ser como ellas; proceder como ellas? No lo creo. ¿Qué dirigente sindical uruguayo se parece a un dirigente sindical peronista? Ninguno; en nada.

¿Es que el FA aspira a imponer en Uruguay algo similar a lo que ha sido el kirchnerismo en Argentina? No es lo que siempre me ha parecido. Entonces ¿qué festejan, por qué tan alegres? ¿No creen en el FA que los kirchneristas con Néstor primero y después Cristina y sus hijos a la cabeza, se la llevaron a paladas, o en bolsones? ¿Dudan de los cuadernos o de lo de la AMIA? ¿Ignoran la joda con los hoteles para blanquear coimas y desviar dineros públicos? Vamos...

Los tiempos han cambiado ¿pero tanto? Me acuerdo cuando Héctor Rodríguez, en reunión con mister Rubinstein, agregado laboral de los EE.UU., le advertía que la diferencia estaba en que mientras los dirigentes americanos de la AFL-CIO eran gerentes y directores a sueldo -George Meany fue un legendario director- en Uruguay los sindicatos eran manejados por los trabajadores que sacrificaban su tiempo libre para ello. No eran profesionales. No se parecían tampoco a los dirigentes peronista, cosa que Héctor, que era mi jefe en el diario “Hechos” y siempre me llevaba a ese tipo de reuniones (como garantía testimonial), también se lo señaló a Rubinstein.

A los trabajadores les gustaba y reclamaban ver a sus dirigentes en las fábricas, los talleres o las oficinas, aunque sea laburando de a ratos.

Eso sí cambió.

Como también ocurrió con lo de la ocupación de los lugares de trabajo. Lo de tomar las fábricas o empresas (ni pensarlo en el sector público) y lo del paro continental eran cosa de los trotskista y de la prédica del “Loco” Posadas (así le llamaba Héctor), el dirigente argentino que periódicamente marcaba la línea para toda la región.

Ejemplos sobran y si no que lo digan los dirigentes de Adeom repatingados en las poltronas de la sala de Directores del municipio.

Me acuerdo también cuando un ministro de Pacheco Areco, censurado en el parlamento, llego al Palacio Estévez, aún con cierto empaque pues era de los “hombres” del presidente, subió al despacho presidencial y pregunto ¿qué te parece, qué hago?

-Renunciar, le dijo Pacheco con su tono lerdo y gardeliano.

No fue el único caso. Y eso ocurría cuando el pachequismo, una época que se ha demonizado en extremo con el propósito, entre otros, de hacer creer que los Tupas se inventaron para luchar contra la represión. No fue así, los tupas empezaron cuando el primer año del segundo Colegiado (1962-1966), época en que el Uruguay era uno de los países más libres y democráticos del mundo. Una época muy cómoda para ser guerrillero. Después, cuando vino el apriete, duraron muy poquito.

Y esto viene a cuento con lo que pasa hoy con el Ministro del Interior. Toda la oposición pide su renuncia, pero Bonomi no renuncia. Las cosas en materia de seguridad van muy mal y es uno de los lados flacos del gobierno y el que más explota la oposición, pero Bonomi no renuncia. Yo creo que su responsabilidad no es tanta ni toda. Pienso además que Bonomi está podrido y que no renuncia incluso por algunas razones de familia y por supuesto por la arrogancia y la soberbia de quienes están en el poder: yo no me equivoco nunca, mis hombres son los mejores.

Por todo esto pensé que iba a renunciar o lo iban a sacar al recién venido y joven académico Diego Sanjurjo asesor en seguridad de Ernesto Talvi. Dijo que Bonomi fue de los mejores ministros de Interior que ha habido. Se armó revuelo; El País informó que Vernazza estuvo de arriba para abajo para ver cómo se arreglaba el entuerto. Al día siguiente Talvi criticó -parcialmente- a Bonomi y respaldó a su asesor. Es parte de su “equipazo”, según dijo (algo así como que los míos son los mejores y no se equivocan nunca), y se ufanó de que sus asesores tienen derecho a disentir y pensar diferente. ¿Eso quiere decir que tiene gente partidaria de la política de Astori, y que en educación alguno puede pensar que el asunto no se soluciona con 130 liceos más y que tampoco en el tema seguridad se puede esperar a que funcionen, pues a esa fecha “ya todos estaremos muertos” como decía Keynes. Muertos y asesinados.

Talvi está tras los votos frentista, pero hasta dónde los va a buscar: ponderando a Bonomi, a Astori a Martínez. Dijo que prefiere a Martínez antes que al general Manini. Yo no sé qué es lo que Talvi sabe de Manini, pero debe ser serio y sería bueno que lo dijera, porque preferir a Martínez significa inclinarse por el FA, el MPP, al Partido Comunista, el socialismo radical, el totalitarismo. No ignorará que esos son los que mandan. ¿Hasta dónde va a llegar? ¿Hasta dónde llegaría?

En fin, como conclusión, aquí no renuncia nadie.

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