Danilo Arbilla
Danilo Arbilla

Parpadeos

A nadie le gusta irse antes de tiempo. La peste que se nos vino encima es como una enfermedad terminal, con menos precisión en las fechas, pero que te dice que está a la vuelta de la esquina.

Y está ahí. Si uno fuma o come y bebe mucho sabe que está apurando el paso y si es cardíaco, que puede darse de un momento a otro. El libreto termina igual siempre, pero pega fuerte saber cuántas páginas restan y en el caso saber que algo, que viene de afuera, que no es por un exceso propio, y con lo que no podemos, está rondando.

Por eso hay que cuidarse. Y yo me cuido y lo hago porque no quiero morirme por estúpido. No lo hago por solidaridad: cuido mi vida, y si todos lo hicieran, todos nos beneficiaríamos. Se trata más de un egoísmo responsable, el que en definitiva ha movido muchas, muchas montañas.

La pandemia no la inventó Lacalle, ni Fernández, Bolsonaro, Macron, Trump, Duque o Sánchez; vino y se les instaló. Una muy pesada carga que no la esperaban. Más un reclamo ansioso, irracional de la gente, la que en general necesita tutores y espera que el estado le resuelva el tema.

Menuda tarea la de los gobiernos; no es fácil remar en este pantano pestoso.

El nuestro, pienso, y me sumo a la mayoría, lo ha manejado bien. Convocó a los que saben, se formó el GACH, y con esa base científica, políticamente condujo y administró sin desconocer limitaciones ni entrar en utopías; lo ha manejado responsablemente. Hay cifras nada buenas -contagios, muertes, CTI- comparadas con las de hace un año, y hay otras más halagüeñas como las de la vacunación.

Hay algunas proyecciones que asustan: que meten miedo.

A mí sin embargo, no es eso lo que me da más miedo. Me asustan algunas soluciones que se manejan. Más restricciones. Que se cierre todo. Que la gente no salga de su casa o limite su circulación pero sin “carabinieri”. ¿ Y cómo se hace? Con pases, ¿y quién los controla? Van a ser más los “funcionarios” encargados del control que el número de pases. ¿O la tarea quedaría a cargo de comités barriales, o de piquetes del Pit-Cnt, o de comités de la revolución?

Siempre hay que arriesgar. No hay otra alternativa, salvo la totalitaria: todo pasa a manos del Estado y se establece una renta básica igual para todo el mundo (excepto los “jefes”) que asegura adquirir una lista de productos prevista en una tarjeta de abastecimientos y de ser necesario de racionamiento, como en Cuba. Así sí. Pero que lo digan.

Convocar a gran acuerdo nacional. No seamos ilusos. En situación de guerra o de peste, como ahora, no es preciso convocarlo, ese acuerdo debe surgir por generación espontánea y debe de ser en apoyo a quien por decisión de la ciudadanía debe conducir. Nos guste o no. Pero eso no pasó. El FA, que siendo gobierno y ya instalada la peste no tenía ni idea de lo que se trataba, luego reclamó cuarentena total, después cuando se formó el GACH (al que nunca los uruguayos hemos dejado de aplaudir) Vázquez formó su propio grupo de expertos, lo mismo hizo Cosse y mientras, juntan firmas en contra y ahora consideran interpelar a tres ministros. Lamentable. ¿A quién se convoca? ¿ A Miranda?

La situación es inquietante, pero en estos momentos creo que lo que más alarma es una especie de velada discusión entre el GACH y la presidencia. Después de tanto jugar sin mirarse, como es que han parpadeado. ¿Por qué?

Eso sí que sería malo.

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