Danilo Arbilla
Danilo Arbilla

Mujica, el disciplinado

Un bicho pícaro y travieso el senador José Mujica. Y no creo que se ofenda porque lo califique así; comparado con cómo lo califica a diario un buen montón de gente es casi cariñoso. Es un hecho a su vez, que hay otro montón que lo idolatra y en el exterior, ni te digo. Son datos de la realidad.

Mujica es un baquiano muy habilidoso en el manejo político. Acaba de hacerlos entrar por el aro prácticamente a todos. Sin abandonar su máxima -“así como te digo una cosa te digo la otra”- y su tesis de que lo político está por sobre lo jurídico. Tendencia esta que implica el resquebrajamiento del Estado de Derecho en que se fundamenta el sistema democrático republicano.

El asunto es que cuando comenzó esta especie de teleteatro del desafuero del senador Manini, el jefe del MPP la tuvo clara: dijo que no lo iba a votar y que si ello prosperara significaría transformarlo en una víctima y se fortalecería su liderazgo y ayudaría mucho al crecimiento de Cabildo Abierto. Más o menos como repetir el caso Perón, y muy posiblemente, y esto no lo dijo, exponer al fiscal a casi un seguro fracaso por cuanto su dictamen no soporta el más mínimo análisis. La “intención” política del funcionario -el presidente del Directorio blanco, Pablo Iturralde censuró duramente el actuar políticamente sesgado de los fiscales- será muy difícil de desvirtuar.

Mujica insistió en no trasformar a Manini en “mártir”. Pero cambió un poquito: dijo estar en contra del desafuero pero que lo iba votar, por disciplina. Poco después sorpresivamente, el disciplinado Mujica manejó la teoría de que si Manini era desaforado, cualquiera fuera su suerte, no iba a poder volver al Senado porque, según él, se necesitaba mayoría especial para reaforarlo.

Y hace unos días, y siempre al pie de la letra con aquello de que “así como te digo…”, se confesó arrepentido de haber señalado el tema del “retorno” al Senado, porque le sirvió de excusa a Manini para cambiar su posición. Y Mujica se reafirmó: “Creo que en definitiva el gobierno quiso priorizar el interés político. No puede dejar a un aliado fundamental en banda y eso nadie lo va a reconocer. Una vez más lo político está por encima de lo jurídico, pero nadie lo dice”, concluyó.

Moraleja, consiguió lo que realmente y desde el principio quería: no transformar a Manini en una víctima.

Y algunas cosas más. A Manini le magulló la imagen y como decía Nardone “tendrá que salir a explicarlo rancho por rancho”. Este “san benito” entusiasmará y dará argumento a los frentistas para, de aquí en más, atacar al líder de Cabildo Abierto; por un momento además el Partido Nacional se mostró algo titubeante y también dio lugar para una recurrente alineación de Ciudadanos con el FA -que ya se había manifestado desde la Cancillería (caso Venezuela y apoyo a plan Nin Novoa). El único que se dio cuenta fue el expresidentes Sanguinetti -otro más que baqueano- que dijo que los fueros son del Senado. Si le hubieran hecho caso y votado de inmediato no haciendo lugar y que Manini hiciera lo que se le antojara, se hubiera evitado todo el sainete y la hábil maniobra de Mujica no hubiera prosperado.

Y “el disciplinado” logró algo más: salvó al Fiscal y evitó que el expresidente Vázquez tuviera que desfilar por los tribunales para explicar varias firmas a carpeta cerrada, y lo mismo para el exsecretario Miguel Angel Toma, el inmunizado, que en algún momento tendrá que explicar unas cuantas cosas.

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