Danilo Arbilla
Danilo Arbilla

¿Mimos?

Quedé perplejo. El Canciller habló de “mimos”. ¿Mimar a quién? ¿A Alberto Fernández? Debo admitir que el presidente argentino no me cae simpático. Dos veces conversé con él.

La primera -yo en misión de la SIP- nos dijo que su gobierno (era jefe de gabinete de Néstor Kirchner) “gastaba” el dinero (el de los contribuyentes) en los medios y periodistas amigos y que por eso no le daban casi publicidad al resto. La segunda en un seminario del cual ambos participábamos -él ya no era “gobierno” y se manifestaba duramente contra la “presidenta”- en el que me elogió con entusiasmo a Julio Sanguinetti y me dijo algo así como que los uruguayos deberíamos estar orgullosos de haber tenido un presidente así. Ni me habló de Mujica y de su vieja amistad de ahora.

Creo que ha sido un ordinario con el gobierno de Lacalle Pou. Asunto que este, pienso, ha manejado con estilo y nivel. Hace unos días cuando Fernández fue a Bolivia, recordé sus no venidas a Uruguay y escribí: “Hay que verlo al desubicado de Alberto Fernández, que no sabe qué hacer con las “emergencias” de todo tipo que enfrenta en Argentina, apadrinando a los bolivianos y haciendo otras estupideces de mal vecino. Propias de los mal queridos “porteños”, que son pocos, pero los pocos que son están muy bien representados por Fernández y por sus patrocinadores los Kirchner”.

Supongo que algo de eso le hizo ver Bustillo, que continuamente se jacta de su amistad con Fernández y de ahí la visita a Anchorena. Lacalle lo recibió en alpargatas y le hizo una asado. Lo cortés no quita lo valiente. Además como jefe de estado es su misión manejar las relaciones internacionales en función de los intereses del país, lo que obliga a moverse con muchas diplomacia y realismo. Y lo hace bien, creo.

Poco trascendió de lo tratado. En gran parte fue para, en los hechos, arreglar el entuerto -mérito de Bustillo- y de paso tener una charla sobre temas de común interés. Esto último fue lo que dijeron. Y es así: pero un charla entre presidentes no es una charla de boliche.

Pienso que no hay ningún riesgo de que Lacalle se sume al liderazgo regional que, según medios argentinos, aspira Fernández (en nombre de los Kirchner, supongo). Por muy amigos que sean Alberto y Francisco, el presidente ya ha dado muestra de cual es su línea, no muy convergente con la de Argentina en temas internacionales. Particularmente con el vecino país ha sido cordial, respetuosa, pero nada de afloje cuando entran a jugar los intereses de los uruguayos.

En su “liderazgo regional” Fernández quizás logre que Bolivia entre en el Mercosur. Si es preciso intentará meterlo por la ventana como ocurrió con Chávez. ¡Qué buena adquisición que fue esa! ¿No?

Por el otro lado hay que contemplar que esta Brasil; el de Jair Bolsonaro y el de siempre. También hay que mimarlo, o por lo menos hacerle alguna caricia. En muchos ítems hay más coincidencia con los norteños que con los argentinos. Pero además, los brasileños son más de cuidado y por eso, con ellos, hay que tenerlo. En general solo rascan para adentro. En todo los planos, lo que está bien, pero para los brasileños. Piensan que inventaron la diplomacia, mantienen ciertas ínfulas imperialistas y son algo rencorosos, me parece.

Es con lo que hay que lidiar y conseguir un equilibrio. No sé si mimarlos. Sobre todo por el riesgo de contagio, porque lo que a ambos les sobra es Covid 19.

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