Danilo Arbilla
Danilo Arbilla

La libertad, ¿sin fecha?

En Nicaragua habrá elecciones presidenciales el 7 de noviembre de 2021. Dentro de 16 meses recién. Pero, ¿las habrá? Es una noticia buena en principio, pero a la vez deja un gusto amargo.

Recuerda el naufragio del reclamo de los nicaragüense de “elecciones ya”, el que plantearon en las calles hace dos años. Nos dice que la dupla Ortega-Murillo, ganó. A un costo en vidas, represión y cárcel muy alto, pero eso al matrimonio de Daniel y Rosario le importa muy poco.

La desconfianza es inevitable. El subsecretario de Estado adjunto para América Latina de Estados Unidos, Jon Piechowski ha dicho que “Nicaragua no puede llevar a cabo elecciones libres y justas mientras se acose y se detiene a periodistas y manifestantes pacíficos.... No puede realizar elecciones libres y justas mientras hayan más de 80 presos políticos en las cárceles del país…”. Y “no puede tener elecciones libres y justas mientras el presidente Ortega ignore las propuestas planteadas por distintos actores democráticos nicaragüenses”.

Y tiene razón.

Lo suyo es llovido sobre mojado. Pero se hace difícil creer al régimen Ortega-Murillo (en algún momento bastante apuntalado por los Estados Unidos, bueno es recordarlo); ¿soportará realmente la realización de elecciones libres, justas y limpias?

No quiero ser ave de mal agüero. Ortega hace 13 años que se mantiene en el poder a través del fraude y comprando aliados. Se ha pasado haciendo trampas y las hace ahora, ¿por qué va dejar de hacerlas?

Para hablar de elecciones libres y democráticas en noviembre del 2021 habría que comenzar desde hoy. Ya se debería encarar la revisión del sistema electoral y armar uno nuevo que dé garantías. Y no puede haber presos políticos, ni vale liberarlos cercano a los comicios. Hoy deben quedar libres. Todos. Los partidos políticos tienen que comenzar a actuar. Y por sobre todas las cosas se debe restituir la libertad de prensa en su plenitud. Sin medidas económicas y de cualquier otro tipo que signifiquen una limitación real de la actividad periodística libre e independiente, como ocurre ahora.

Podría creerse que Ortega-Murillo están dispuestos a aceptar ese cambio si en estos días, ayer, hoy y a más tardar mañana, comienzan a llegar a Managua los expertos y observadores internacionales que serán los imprescindibles veedores. De poco sirve llegar siete días antes.

Es harto difícil creerle al matrimonio dictatorial. Para ellos es mucho riesgo. Ponen en juego el poder y además todas las riquezas y patrimonio familiar acumulados (del matrimonio e hijos).

Los mandamases de Nicaragua, al igual que Nicolás Maduro, se entretienen en poner por delante la zanahoria de las elecciones y con eso ganan tiempo. Consiguen el favor de “socios” ocultos que están por el “diálogo” (el caballito de batalla) y algunos otros contratados. Pero es naif, por no decir estúpido, caminar tras la planta en la punta del palo.

Si Ortega está dispuesto debería probarlo y, por ejemplo, llamar ya a la Organización de Estados Americanos (OEA) para que haga sus investigaciones y propuestas y ponga las cosas en orden.

No más zanahorias. Elecciones presidenciales el 7 de noviembre del 2021. Muy bien. Pero la libertad, ¿cuándo empieza?

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