Danilo Arbilla
Danilo Arbilla

Candidato peligroso

Conocí a Alberto Fernández (AF), el candidato de Cristina Fernández de Kirchner (CFK), por fines del 2003. Fue durante unas jornadas en las que habló Sanguinetti. También estuvo Felipe González si no me falla la memoria.

Tras la exposición de Sanguinetti, Fernández me comentó: “es brillante, nosotros no tenemos dirigentes de ese nivel, además un orador fuera de serie”. Estaba como entusiasmado, lo que no es extraño, los argentinos en general se deslumbran con nuestros presidentes. Y en aquellos momentos en particular, tras la ida de De la Rúa, la seguidilla de presidentes que vino después de él, el interinato de Duhalde y el gol hecho que este le sirvió a Kirchner -que habría que patentarlo como el “tuya Néstor” de los argentinos- los uruguayos y sus dirigentes políticos generaban una sana envidia de nuestros vecinos, creo.

Fernández, vino hace unos días a Uruguay. El principal objetivo fue reunirse con Mujica al que visitó en su casa, la que se ha transformado en una suerte de santuario que viabiliza milagros y en el que de alguna forma se bendice y legitima a la algo desencajada izquierda regional. Antes la credencial de “izquierdista” la daba Fidel y había que ir a La Habana. Hoy esa función, salvando las diferencias, perecería que la cumple el expresidente uruguayo. Desde su chacra.

El novel candidato presidencial no escatimó elogios para Mujica al que calificó de “Maestro”. (Lo dicho sobre la visión de los argentinos respecto a nuestros presidentes).

Quizás la intención de AF era acomodar el cuerpo como punto de partida de su campaña como candidato del kirchnerismo. Y puede que sea así, porque Fernández se acomoda bien. Hay que ver (no nos daría el espacio) todo lo que ha dicho de Cristina, su mentora, a lo largo de los últimos años. Y ahí está; a la cabeza de la fórmula, con un aporte de cero votos. Como para no sorprender su nominación. CFK sin soltar el trapecio sumó una nueva pista al gran circo político argentino, el que se enriqueció en las últimas horas con la fórmula Macri-Miguel Ángel Pichetto (peronista independiente), dejando para Sergio Massa el papel de payaso.

Dos años después de aquella breve charla con Fernández, participé en una reunión con él, ya más “asentado” entonces como jefe de gabinete del gobierno de Néstor Kirchner. Ocupó ese cargo durante todo el período (2003-2007) y continuó como tal un año más (2007-2008) con Cristina como presidenta. Luego se alejó, fue crítico severo de la viuda y ahora volvió.

Fernández, decididamente, es un hábil político. Ambicioso, inteligente -aunque no tanto como cree- y muy arrogante. Es muy “porteño”; tiene ese estilo propio de unos muy pocos que le afectan y le afean la imagen a todos los argentinos injustamente.

Hay quienes le atribuyen a AF ser el artífice de la “grieta“, esa división de los argentinos, y además lo señalan como un militante enemigo de la libertad de expresión. En su despacho ministerial -de dice- se concretó más de un “ablande” y varios “acercamientos” de importantes figuras del periodismo argentino. Eso es preocupante y lo sindica a AF como un hombre muy peligroso para la libertad de prensa.

Durante su época, en marzo del 2005, una misión de la Sociedad Interamericana de Prensa, encabezada por el peruano Alejo Miró Quesada de El Comercio de Lima visitó la Argentina. El propósito era investigar en situ una serie de denuncias de ataques a los medios y el periodismo a través del uso discriminatorio de la publicidad oficial. Se trata este de uno de los más efectivos instrumentos que utilizan contra la libertad de prensa los gobiernos autoritarios, además de constituir un acto de corrupción por cuanto se usan dineros públicos en función de fines particulares del o los mandamases de turno.

Era una época rara en Argentina. El diario Clarín -en pleno romance Kirchner-Héctor Magnetto- era oficialista. En esa empresa periodística “la misión”, fue atendida “de parado”. En Ámbito Financiero, su director Julio Ramos, acusó a la SIP de desviar el tema porque el problema para la libertad de prensa no era el gobierno sino el monopolio de Clarín.

No hubo entrevista con el presidente. Pese a que había sido acordada con la debida antelación, justo a la misma hora Néstor Kirchner tenía que retirarse de la Casa Rosada, así que saludó de pasada a los visitantes, con ese gesto “tan simpático” que lo caracterizaba. “Los dejo en manos del jefe de mi gabinete” dijo y al último su deseo de “que tengan suerte”.

Es difícil precisar si la misión tuvo suerte o no. Eso sí, las cosas quedaron claras. Fernández no anduvo con medias vueltas, dijo que el gobierno manejaba la publicidad de acuerdo a sus criterios y que de ninguna manera iba a apoyar o ayudar a aquellos medios y periodistas que lo critican. “Sí -afirmó-, el gobierno discrimina entre prensa amiga y enemiga”. Palabras más palabras menos fue lo que dijo a la misión de la SIP con su tono desafiante y “sobrador”.

Decididamente AF es un kirchnerista de pura cepa. CFK no se equivocó. Para la libertad de prensa es un candidato peligroso. Con Cristina o sin Cristina por detrás, en esa materia él solo se maneja muy bien. No necesita que lo ayuden.

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