Claudio Fantini
Claudio Fantini

Vietnamizar Irak

El verdadero error de Trump fue romper en el 2018 el compromiso norteamericano con el Acuerdo Nuclear del 2015. La escalada de estos días es consecuencia de aquella decisión injustificada.

Irán estaba cumpliendo lo acordado pero, tras romper el pacto que firmaron también Rusia, China y la Unión Europea, volvieron las sanciones económicas y sus consecuencias sociales detonaron protestas ferozmente reprimidas.

La consecuencia fue que el general Qassem Soleimani aceleró un plan que llevaba tiempo preparando: algo así como una “vietnamización” de Irak para forzar la retirada total de los norteamericanos.

Ese proceso comenzó a acelerarse cuando las turbas movilizadas por las organizaciones pro-iraníes que respondían a Soleimani, asaltaron la embajada norteamericana en Bagdad.

Irán y las milicias chiitas que le responden en Irak habían cruzado una línea roja. Y ese acto no podía quedar sin una respuesta. En la turbulenta historia de la relación irano-norteamericana, el asalto a una embajada mediante turbas tiene un sentido específico: sabotear entendimientos existentes o en curso.

El ayatola Jomeini hizo ocupar la embajada en 1979 para romper la negociación que estaban intentando el moderado presidente Mehdi Bazargán y el consejero de Jimmy Carter, Zbgniew Brzezinski.

En Bagdad, no se tomaron rehenes porque pudieron ser evacuados a tiempo, pero las turbas ingresaron a la sede diplomática. El objetivo era forzar la ruptura entre Bagdad y Washington.

Tanto los presidentes kurdos Jalal Talabani y Barham Salih, como los primeros ministros chiitas Ibrahim al Jaafari, Nuri al Maliki y Adel Abdelmahdi, han sido renuentes a reclamar la retirada norteamericana. Irak fue, hasta ahora, el extraño punto del planeta donde dos archienemigos tienen un aliado y protegido en común. A eso quería ponerle fin Qassem Soleimani.

Es probable que Trump no tenga una noción clara de lo que implica matar a Soleimani, algo así como si Saddam hubiese matado al general Colin Powell en los tiempos de George Herbert Bush. Pero eso no quiere decir que haya sido un blanco equivocado. Si la decisión tomada incluyó la posibilidad de librar una guerra directa y total contra la poderosa teocracia persa, entonces el blanco elegido fue el más adecuado.

El general que sembró franquicias de Hizbolá la región del Levante, estaba empeñado en convertir a Irak y al Este de Siria en un nuevo Vietnam para los norteamericanos. Del mismo modo que el general Vanguyén Giap (el genio militar que comandaba las fuerzas de Ho Chi Ming) no usó al ejército norvietnamita sino al Vietcong para desgastar la presencia norteamericana en Vietnam del Sur hasta obligarlos a retirarse, Soleimani no planeaba enfrentar a los marines lanzando contra ellos a los pasdarán iraníes, sino a las milicias chiitas del propio Irak.

Las Kataeb Hezbolá (Brigadas del Partido de Alá) y las milicias cercanas a Muqtad al-Sadr (el influyente y temperamental hijo del ayatola iraquí Sadeq al Sadr, asesinado por Saddam Hussein) serían el Vietcong de los marines en Irak.

La celebridad de Soleimani tiene tres componentes. La leyenda que se creó a partir sus heroicas proezas en la guerra irano-iraquí que estalló ni bien Jomeini sacó del poder a Pahlevi; la eficacia de sus planes, como extender la acción de Hizbolá más allá del Líbano y convertir a la milicia de la tribu Huthi en la potente fuerza militar que está venciendo a los sauditas en Yemen; y la decisión política del ayatola Jamenei de convertirlo en un prócer viviente, precisamente para que esa visualización actúe como un blindaje que lo proteja.

Al misil que lo desintegró junto al jefe del Kataeb Hizbolá, Abú Mahdi al Muhandis, no lo detuvo el blindaje de fama que debía protegerlo. Pero quizá no detenga su estrategia, sino que la potencie.

Esa sería la proclamada “venganza” de Irán. El parlamento ya aprobó exigir al gobierno que pida la retirada de los estadounidenses. Paralelamente, las milicias chiitas iraquíes comenzarían a lanzar ataques de manera permanente.

Si hay atentados de las células terroristas de Hizbolá contra blancos americanos en otras partes del mundo, será para distraer. El verdadero objetivo de Irán es echarlos de Irak y, después, de los yacimientos sirios que ocupan al Este del Eufrates.

La proclamada “venganza” será la vietnamización que planeaba el general desintegrado por un misil.

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