Claudio Fantini
Claudio Fantini

Trump traiciona a las fuerzas que lo ayudaron

Trump decidió olvidar la alianza norteamericana con los kurdos y el valeroso aporte que los “peshmergas” del Kurdistán sirio hicieron para derrotar a ISIS en el Este del Éufrates.

Washington abandona a esos aliados, allanando el camino a la ofensiva total que Turquía lleva tiempo preparando para arrasar a las milicias que establecieron la autonomía de Rojava, la confederación de facto que integran los cantones de Afrin, Kobani y Jazira.

Si Erdogán logra aplastar a las YPG (Unidades de Protección Popular), probablemente imponga una limpieza étnica que erradique a los kurdos del norte sirio. Su plan de instalar allí a dos millones de refugiados sirios podría ser funcional a la idea de alejar de la frontera de Turquía no sólo a las milicias, sino a todos los kurdos de Siria septentrional.

El desprecio del presidente turco quedó expuesto en 2014, cuando la ciudad de Kobani fue sitiada por ISIS. Los tanques del ejército turco se alinearon en la frontera, junto a la cual se encuentra Kobani, pero no para defender a la población kurda que estaba en riesgo de ser aniquilada, sino para evitar que huya hacia Turquía intentando sobrevivir.

Los kurdos de Kobani resistieron y vencieron, contando sólo con la ayuda de milicianos kurdos iraquíes y con esporádicos vuelos norteamericanos que dejaban caer armas, alimentos y medicamentos sobre la ciudad sitiada.

Esta vez será el ejército turco el que se lance sobre los kurdos, abandonados por Trump a su propia suerte.

No es la primera vez que los traicionan. Por su lucha contra el Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, en el Tratado de Sevres habían obtenido una pequeña porción del territorio que ocupan entre Anatolia, Siria, Irak e Irán. Pero tres años más tarde perdían en el Tratado de Lausana ese efímero Kurdistán independiente.

Ahora Estados Unidos vuelve a abandonarlos, a pesar de la alianza que tuvo con ellos en el conflicto sirio. La pertenencia de Turquía a la OTAN no es una justificación, porque Erdogán ha establecido acercamientos estratégicos con Rusia y ha tensado al máximo su relación con los socios de la alianza atlántica.

La aversión de Erdogán a los kurdos de Siria tiene como pretexto el supuesto apoyo de éstos al PKK, violenta organización independentista que lideró Abdullah Öcalán hasta que lo atraparon y recluyeron en una isla del Mar de Mármara. Pero el posible plan de limpieza étnica en el norte de Siria, debe tener más que ver con las virtudes de esa confederación kurda que rige en los hechos. El igualitarismo que impusieron desde que se auto-gobiernan, además de la tolerancia con que conviven con árabes, asirios, siríacos, jazidíes y armenios, los distinguen como una sociedad diferente.

También es una virtud que sobresale la igualdad de género y los roles protagónicos que las mujeres kurdas ocupan tanto en la vida política y social, como en las estructuras militares y los campos de batalla.

Para el presidente islamista turco, así como para muchos regímenes de la zona, esos atributos resultan malos ejemplos para una región en la que imperan desigualdades ancestrales.

La traición de Trump a los kurdos es funcional a los designios de Erdogán y también a sus nuevos allegados: Rusia, el régimen sirio de Bashar al Asad y la teocracia iraní.

Abandonar a los kurdos después del aporte que hicieron en la lucha contra ISIS, podría incluso alejar de Trump a muchos republicanos que están calibrando la gravedad y opacidad de semejante decisión. Y eso puede ser inconveniente para un presidente que necesitará la complicidad de los senadores de su partido para sobrevivir a un impeachment.

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