Claudio Fantini
Claudio Fantini

Un triunfo en la derrota

La derrota fue clara. Lenin Moreno dio el paso atrás que había jurado no dar.

Dejó sin efecto las medidas que había descripto como imprescindibles e innegociables, restableciendo el subsidio a los combustibles que ya lleva cuatro décadas y que el presidente describía como una abominación que distorsiona la economía.

El movimiento indígena que se había levantado en lucha contra esas medidas, convirtiendo Quito en un campo de batalla donde hubo siete muertos y centenares de heridos, puede cantar victoria. Pero.. ¿puede también cantar victoria Rafael Correa?

Un rasgo particular de lo ocurrido, es que siendo el archi-enemigo del actual presidente y habiéndose zambullido de lleno en esta contienda furibunda, Correa no puede sentirse vencedor a pesar de la derrota de Moreno. Ocurre que, para el ex presidente, la victoria no estaba en que su sucesor se rindiera ante el movimiento indígena poniendo fin a violencia desatada. La victoria de Correa estaba en la renuncia de Moreno. Quería que el movimiento indígena lo volteara como a los presidentes Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez. Pero eso no ocurrió.

Es posible que el vehemente líder radicado en Bélgica no haya sido el iniciador de las protestas contra Lenin Moreno, pero sus propios mensajes en las redes lo muestran lanzando fósforos para que Ecuador estalle. No pudo disimular la excitación de su ansiedad por ver caer a quien había sido su vicepresidente y “traicionó” el legado de la “revolución ciudadana” por la que alcanzó la jefatura de Estado.

Aunque sin Correa, la poderosa CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) lo mismo habría marchado hacia la capital del país para enfrentar las medidas económicas, desde el comienzo del conflicto entró en trance agitador ametrallando mensajes en los que no reclamó que Lenin Moreno ceda ante las demandas, sino que renuncie y se realicen elecciones anticipadas. Esa negligente exhibición sediciosa de Correa, resaltó la diferencia entre Lenin Moreno y gobernantes autoritarios como Nicolás Maduro y Daniel Ortega. Los regímenes que imperan en Venezuela y Nicaragua enfrentaron masivas protestas con brutales represiones, colmando las calles de muertos y las cárceles de presos políticos.

Lo revelador es que no cedieron ni cayeron. Ahí está la diferencia con el gobierno de Moreno. Se le puede cuestionar el paquete de medidas que acordó con el FMI, así como la dura represión que lanzó mientras afirmaba que no revertiría su decisión. Pero haber capitulado tras cinco días de violencia muestra la diferencia con los regímenes que someten a sangre y fuego a venezolanos y nicaragüenses.

Tanto el chavismo residual como el orteguismo pueden sobrevivir a meses de masivas protestas y al aislamiento que buena parte del mundo les impone por los crímenes que cometen para mantenerse en el poder. En cambio Lenin Moreno sostuvo la pulseada durante cinco días y luego capituló, iniciando una negociación en la que concedió de inmediato el paso atrás que implicó su derrota.

Quizá pueda atenuar este fracaso logrando acordar con la CONAIE un paquete de medidas que también le permitan recortar el déficit y equilibrar las cuentas públicas.

Lo curioso es que la derrota de Lenin Moreno ante la protesta indígena equivale a una victoria sobre Rafael Correa, el líder que apostó a la caída del gobierno evidenciando, por contraste, su silencio cómplice con las sangrientas represiones que sostienen en el poder a sus aliados Maduro y Ortega.

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