Claudio Fantini
Claudio Fantini

Tinelli y la calidad política

El ingreso de outsiders a la política se da de dos maneras: o por decisión propia del outsider o como caballo de Troya de la dirigencia tradicional.

Se trata de un fenómeno mundial y tiene que ver con las incertidumbres y temores, en un tiempo marcado por la evolución tecnológica vertiginosa y la transformación permanente que esta produce en las economías y en la sociedad.

Como la clase política no puede modificar esa realidad, las sociedades buscan salvadores fuera de las dirigencias políticas, confundiendo el éxito personal con la posibilidad de cambiar exitosamente la realidad.

Trump y Berlusconi serían dos ejemplos de out-siders que se zambulleron en la política por decisión propia. Mientras que Menem, en los 90, fue el impulsor de los caballos de Troya argentinos.

En la leyenda que relataron Homero en la Odisea y Virgilio en la Eneida, por no poder trasponer los muros de la ciudad que sitiaban, los griegos hicieron el caballo de madera en el que entraron ocultos quienes abrieron las puertas a la invasión.

El cantante Palito Ortega y el automovilista Carlos Reutemann fueron dos de los muchos vehículos para sortear la muralla que ya empezaba a separar a los políticos de la sociedad.

Ahora, la figura que suena es Marcelo Tinelli. Todos quieren seducir al popular conductor. Mauricio Macri porque le cortó el trayecto hacia la presidencia de la AFA y teme una vendetta de Tinelli, haciendo en su programa una imitación que lo ridiculice de manera destructiva. Y algunas ramas del peronismo, huérfanas de candidatos con peso electoral, lo quieren para que atraiga los votos que sus dirigentes no pueden seducir.

Lo que no está claro es que el rating televisivo sea directamente proporcional a los votos que pueda obtener el animador. Si las encuestas demostraran que Tinelli sería un fenómeno en las urnas, quedaría expuesto que la decadencia de la dirigencia argentina refleja un rasgo decadente de la sociedad.

Sucede que, más allá de su indudable talento como conductor y como comediante, está claro que Tinelli amasó audiencias masivas usando instrumentos nocivos.

Hasta hace poco no había conciencia de lo cruel y destructivo que es el bullying, uno de los recursos más usados en sus programas. También se valió de ese rasgo vil de la naturaleza humana que los alemanes denominan "schadenfreude": reírse del percance humillante que sufre otra persona.

De estos y otros instrumentos tóxicos, como la utilización degradante del cuerpo de la mujer, se valió Tinelli para conquistar grandes audiencias. Si mediara una autocrítica, la aceptación que obtuviera en la sociedad no sería una señal tan preocupante. Pero sin revisión crítica, quedaría expuesto el mal sobre el que alertó el escritor vanguardista Jean Cocteau: la indiferencia ante la contaminación interior del hombre.

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