Claudio Fantini
Claudio Fantini

Los temores más oscuros

La estupefacción horrorizada de los neozelandeses se amplifica por las oscuras novedades que implican los atentados contra dos mezquitas. La última masacre en ese país había ocurrido al comenzar la década del 90 y la perpetró un sicópata que estalló en ira contra sus vecinos.

Mientras que la masacre en Christchurch fue planificada y ejecutada con la cabeza en frío.

Pero la peor de las novedades, es que podría no ser otro caso de “loco suelto”, como ocurrió en 1994, cuando Baruch Goldstein acribilló a decenas de musulmanes que oraban en la Tumba de los Patriarcas, en Hebrón. Aquí hubo un ataque coordinado y sincronizado por al menos tres personas, por lo tanto podría tratarse de una organización terrorista.

Eh aquí otra terrible novedad: los musulmanes normalmente son blanco del terrorismo ultra islamistas. También hay un terrorismo ultra-hinduista que los ataca en la India y casos de terrorismo budista en el sur de Tailandia. Pero en Occidente no hay organizaciones terroristas que tengan en la mira al Islam. Hay “islamofobia” en dirigencias, movimientos políticos y gobiernos, pero no hay ni hubo un terrorismo anti-musulmán de matriz cristiana.

El terrorismo cristiano se dio en organizaciones racistas como el Ku Klux Klan, expresión decimonónica del fundamentalismo protestante que surgió con el nombre de “Caballeros Blancos Cristianos”. También en movimientos como el falangismo español en la primera mitad del siglo 20 y en grupos separatistas de identidad católica como el IRA.

Pero no hubo organizaciones terroristas anti-islámicas. Por eso llamó tanto la atención que los autores de la masacre en nueva Zelanda actuaran como una célula terrorista y se identificaran como supremacistas blancos. Incluso si la organización no fuera más allá de los tres atacantes capturados, su cobarde ataque podría tener el efecto contagio que suele tener el delirio criminal, iniciando un terrorismo racista blanco de matriz cristiana.

Al rasgo religioso lo da la caracterización religiosa que el manifiesto de uno de los atacantes hace del blanco atacado.

El momento en el que ocurre esta masacre islamofóbica, es preocupante. Entre otras cosas, porque hay un fundamentalismo cristiano en crecimiento y, para alguno de sus miembros más desequilibrados, podría resultar inspirador que el atentado haya ocurrido en Christchurch, ciudad cuyo nombre significa Iglesia de Cristo, tiene un gran equipo de rugby llamado “Crusaders” (por los católicos medievales que iban a la “guerra santa” contra los musulmanes) y fue fundada en el siglo XIX por integristas anglicanos de Inglaterra que la consideraban una “Nueva Jerusalén”.

El terrorismo racista del supremacismo blanco podría alentar delirios violentos en el Occidente cristiano, donde el fundamentalismo bíblico está creciendo en varios escenarios políticos.

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