Claudio Fantini
Claudio Fantini

La sombra de los dos gallos

Cada vez que una cuestión espinosa divide agriamente a los españoles, sobre el país parecen deambular las sombras de los dos gallos del poema de Sánchez Ferlosio que Los Olimareños interpretaron estupendamente.

La agresividad en el discurso político aumenta la crispación de la sociedad. Las acusaciones cruzadas entre oficialistas y opositores están llegando a ser tan graves, que el sector de la sociedad que rechaza los fanatismos, los ideologismos y la intolerancia teme que la irresponsabilidad política reviva al gallo negro y al gallo rojo de la metáfora de la guerra civil.

El voltaje de los discursos lleva años escalando peligrosamente. La aparición del anti-sistema izquierdista liderado por Unidas Podemos, y del ultranacionalismo con aires falangistas que encarna Vox, corren por izquierda y por derecha al bipartidismo, forzándolo a la radicalización que lo oscurece y podría allanar el camino a la violencia política.

La cuestión espinosa de estos días es el indulto que dará Pedro Sánchez a los nueves presos del “procés”. Para el Partido Popular, Vox y Ciudadanos, se trata de una traición a España que perpetrará el gobierno liderado por el PSOE, porque premia a la dirigencia independentista que violó la Constitución nacional para imponer la secesión de Cataluña. Pero para el oficialismo se trata de un gesto necesario para reducir las tensiones en la sociedad catalana y en la relación entre Barcelona y Madrid.

A su vez, los independentistas catalanes cuestionan los indultos de Pedro Sánchez diciendo que lo que debe dictar el gobierno de España es una amnistía.

Para los partidos centroderechistas PP y Ciudadanos, y también para el ultraderechista Vox, la crítica al indulto y el reclamo de amnistía de los separatistas es una afrenta a España que ridiculiza a Pedro Sánchez.
¿Quién tiene razón? ¿La parte del arco político que considera al jefe de gobierno un “traidor”, o la parte que apoya la decisión de indultar a los independentistas presos?

A la respuesta la darán los resultados que tenga en la sociedad esta medida. Pero está claro que el gobierno tiene “una razón” que no es descabellada ni premia a quienes quieren romper España. Aunque es un gran orador, Pedro Sánchez no supo explicar el aspecto necesario del indulto. Y ese aspecto necesario es tener un gesto de distensión hacia la porción de la sociedad catalana que votó a la dirigencia y, por ende, a su plan secesionista.

De tal modo, el indulto es un “gesto concreto” hacia Oriol Junqueras, Carme Forcadell, Raúl Romeva, Josep Rull, Joaquin Forn y los tres Jordis (Turull, Cuixart y Sánchez), porque los saca de la cárcel, y a la vez es un “gesto simbólico” de acercamiento hacia los millones de catalanes que los votaron. Y ese gesto, a la vez concreto y simbólico, no afecta la consideración de delito que la justicia española aplicó a la realización del referéndum secesionista del 2017.

En todo caso, la traición a España se habría concretado si, en lugar de indultar, Pedro Sánchez hubiera amnistiado a los nueve independentistas. Amnistiarlos habría premiado a Carles Puidgemont, ex president de la Generalitat que conservó su libertad porque huyó del país.

La clave de esa razón que tiene la decisión de Sánchez y puede no ser “la razón” pero tiene un fundamento atendible, está precisamente en la diferencia entre indulto y amnistía, así como también en la crítica al indulto y el reclamo de amnistía que hacen los independentistas: el indulto es el perdón de “la pena” que corresponde a un delito, por lo tanto mantiene el carácter delictivo de una acción y la responsabilidad de quien la cometió; mientras que la amnistía perdona “ciertos tipos de delitos”, por lo tanto diluyo el carácter delictivo de una acción, extinguiendo la responsabilidad de quien la cometió.

Al cuestionar la medida que les abre las puertas de la cárcel de Girona, los presos del “procés” no están ridiculizando a Sánchez, como argumentan el PP, Ciudadanos y Vox. Por el contrario, resaltan esa razón que hay en el indulto y que puede ser discutible, pero amerita moderar la crítica quitándole la palabra “traición”.

Lo que no puede evitar el lado razonable del indulto, es la crispación “in crescendo” que está tensando peligrosamente a España y, por momentos, hace temer el regreso de los dos gallos.

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