Claudio Fantini
Claudio Fantini

Silencios que aturden

Que primero Danilo Astori y a renglón seguido José Mujica y Daniel Martínez calificaran de “dictadura” al régimen venezolano, resalta el silencio del kirchnerismo frente a la represión que sostiene en el poder a Nicolás Maduro.

Evo Morales y su partido, además del “correísmo” ecuatoriano y varios gobiernos centroamericanos y caribeños, muestran mayor complicidad al persistir en la defensa de la camarilla que impera en Venezuela.
Es el “terraplanismo” llevado al plano político: sostener absurdamente lo que resulta obviamente insostenible.

Si algo faltaba para evidenciar, o bien delirio ideológico o bien complicidad por motivos más oscuros, llegó el informe del Alto Comisionado de la ONU sobre Derechos Humanos, y que ese informe lleve la firma de Michelle Bachelet. La conclusión de la ex presidenta chilena fueron demoledoras. Afirma que el poder ha matado y torturado como algunas de las peores dictaduras militares que ensangrentaron América Latina en la segunda mitad del siglo 20.

A la imparcialidad de Bachelet no sólo la avala su conducta como ministra y como presidenta, sino también el hecho de que su padre haya muerto en una sala de tortura y que ella misma y también su madre hayan sido torturadas durante la reclusión que le impuso la dictadura de Pinochet en el siniestro centro clandestino de detenciones que llamaban Villa Grimaldi.

De todos modos ni siquiera hacía falta el pronunciamiento de Bachelet. A la criminalidad del régimen ya la habían denunciado las principales organizaciones de Derechos Humanos del mundo. Por otro lado, sólo una brutal represión puede explicar por qué ha resistido a tantos meses de multitudinarias protestas el régimen que ocasionó la peor tragedia económica y social de la historia venezolana, mundialmente visibilizada por la diáspora que inunda de venezolanos buena parte de Latinoamérica.

La obnubilación ideológica explica muchos apoyos a regímenes genocidas. En su “Oda a Stalin”, Pablo Neruda habló de la “sencillez”, de la “sabiduría” y de la “estructura de bondadoso pan” del dictador que exterminó a millones de soviéticos. Y es uno entre muchos ejemplos. Pero al silencio o la abierta defensa del régimen esperpéntico que sostiene a la casta militar que se apropió de Venezuela, los explican mejor la compra internacional de lealtades mediante ayudas económicas, asistencia petrolera y financiaciones ilegales de dirigencias afines.

La persistencia del respaldo de Evo Morales y de varios liderazgos de América Central y el Caribe, podría explicarse en ayudas económicas y asistencias petroleras realizadas de manera legal, aunque siempre a costa de las arcas y el patrimonio venezolanos. Pero ese no parece el caso del silencio kirchnerista. Al fin de cuentas, cuando Hugo Chávez compró bonos de la deuda argentina durante los gobiernos de Néstor Kirchner y su esposa, lo hizo a tasas usurarias.

Que el kirchnerismo haya enviado dirigentes a festejar en Caracas el triunfo de Nicolás Maduro en la última elección, cuando ya la lista de muertos por la represión era grande y las prisiones militares estaban atestadas de presos políticos, y que aún hoy persista la negativa a denunciar como dictadura al régimen, sólo parece explicarse por financiaciones ilegales a la cúpula de la dirigencia K.

Alberto Fernández ensayó hace poco un primer distanciamiento. Pero no alcanzó para tapar el ensordecedor silencio de Cristina Kirchner, la presidenta que condecoró a Maduro con la Orden del Libertador.

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