Claudio Fantini
Claudio Fantini

Sanders y su opuesto absoluto

Representan las posiciones más extremas y opuestas. Los polos que ocupan Bernie Sanders y Michael Bloomberg se sitúan en las fronteras del Partido Demócrata. Y del lado de afuera.

El mega-millonario fue alcalde de Nueva York por el Partido Republicano, al que perteneció hasta que hace apenas un par de años saltó a la otra vereda, mientras que el senador de Vermont jamás integró de manera orgánica el Partido Demócrata, aunque lleva años participando en sus primarias y formando parte de sus bancadas en el Congreso.

Bloomberg amasó su fortuna en el mundo financiero y Sanders es un declarado enemigo de Wall Street.

La declinación de Joe Biden como expresión del centrismo más moderado y las señales de que en la centroizquierda Pete Buttigieg pierde el impulso que obtuvo en Iowa, le van abriendo el camino al aspirante que representa una versión demócrata de Trump y también al único político notable que siempre se definió como “socialista” en Estados Unidos.

Bloomberg aún no ha competido en las primarias, pero comenzó a usar su bolsillo infinito para financiar una campaña que podría cobrar impulso a partir del “Supermartes”.

La especulación del ex alcalde que aplicó en Nueva York “mano dura” contra el delito, pero apuntándola a las minorías latinas, a los inmigrantes y a la población negra, es que ser decenas de veces más rico que Trump le permitiría competir mejor contra el actual jefe de la Casa Blanca.

También considera que los demócratas advertirán a tiempo que postular a un exponente tan radical de la izquierda le regalará la reelección al actual presidente, porque espantará masivamente los votos del centro.

En síntesis, el magnate financiero cree que ser más rico y no mucho menos controvertido y conservador que Trump, lo hace la mejor carta demócrata para las elecciones presidenciales. Sin embargo, el predominio mundial del voto decidido a patear los tableros de las elites políticas, que en Estados Unidos le dio el Salón Oval a Trump, no es un viento adverso para Sanders.
El viejo senador se ha caracterizado por desafiar a las elites en todos los terrenos. Ese largo trayecto, que comenzó en el movimiento de Luther King por los Derechos Civiles y pasó por el filibusterismo contra los impuestos regresivos de George W. Bush, ha tenido como constante la intransigencia en su discurso, aunque fue pragmático para gobernar Burlington en la década del 80, logrando infinidad de acuerdos con los republicanos de esa ciudad de Vermont.

Con su acumulación de millones, su lista de acusaciones de abusos sexuales y sus desbordes xenófobos, el flanco débil de Bloomberg es ser la versión demócrata de Trump. Mientras que el flanco de Sanders es no saber mostrarse como lo que esencialmente es: un socialdemócrata inspirado en el modelo escandinavo. Y cometer negligencias que permiten mostrarlo cercano a la izquierda dogmática y totalitaria.

Entre tantas ocasiones, volvió a mostrar esa falla hablando de Fidel Castro en una entrevista. Si bien calificó al régimen cubano de “autoritario”, dijo que en la revolución castrista “no todo” fue malo, rescatando la gratuidad de la salud y la educación.

No fue la apología del comunismo que describen algunos rivales, pero evidenció una grave negligencia. Debió aclarar que sólo se refería a la campaña de alfabetización de la década del 60 y la formación escolar y universitaria gratuita, cuestionado sin ambigüedades un sistema educativo usado para el adoctrinamiento y el culto personalista.

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