Claudio Fantini
Claudio Fantini

Rusia y la grieta eslava

La grieta eslava afloró en el mundial de Rusia. Primero, con jugadores suizos de origen albanés que festejaron sus goles a Serbia haciendo el águila de dos cabezas, emblemática de Albania.

Después con un jugador croata dedicando a Ucrania el triunfo contra Rusia. Finalmente, el tenista serbio Novak Djokovic recibiendo críticas en su país por fotografiarse con jugadores croatas y expresar su apoyo a Croacia.

En el primer caso, lo que afloró es el rencor dejado en los albaneses, que como los griegos descienden de los ilirios pero profesan la religión musulmana que adoptó bajo la dominación otomana, la limpieza étnica de Slobodan Milosevic para deportar a los albaneses de Kosovo.

La dedicatoria a Ucrania del triunfo contra Rusia que hizo un jugador de Croacia, refleja un rencor croata hacia la mayor de las naciones eslavas por la injerencia que siempre ha tenido en los Balcanes a favor de los proyectos geopolíticos serbios. Ucrania está en tensión con Rusia por la anexión de Crimea y por el apoyo del Kremlin a los separatistas del Este. A renglón seguido, haberse puesto por encima de la grieta balcánica dando su apoyo a Croacia, le valió a Djokovic duras críticas en su país, Serbia. Entre ambas naciones, la rivalidad se volvió visceral por los conflictos del siglo XX.

Croatas y serbios tienen en común la raza eslava, pero los diferencian rasgos culturales que les dejaron siglos de pertenencia a distintos imperios. Croacia integró el Austro-húngaro y Serbia el Otomano. Los serbios fueron los primeros en independizarse y lo hicieron ayudados por Rusia. Su proyecto geopolítico fue crear un estado eslavo en los Balcanes, por eso un nacionalista serbio cometió el magnicidio que detonó la guerra entre Austria-Hungría y Serbia. Rusia fue la primera en involucrarse en lo que pronto sería la Primera Guerra Mundial.

Derrotados los imperios germánicos, Serbia impuso el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que las milicias fascistas croatas lideradas por Ante Pavelic disolvieron durante la Segunda Gran Guerra. Pero como Serbia quedó nuevamente en la vereda ganadora, se creó Yugoslavia. Un Estado comunista liderado por el mariscal Tito, partisano croata que comandó a los chetnics, milicia con mayoría serbia. Por ser croata, Tito colocó el eje del poder en Belgrado, pero dejó Krajina (territorio con mayoría serbia) dentro de Croacia, además de dar autonomía dentro de Serbia a los albaneses de Kosovo y a los húngaros y eslovacos de Vojvodina.

La muerte de Tito desató la fuerza centrífuga y, cuando Franjo Tudjman independizó Croacia, Milosevic desempolvó el proyecto de la "Gran Serbio" y alentó la guerra para anexar Krajina. Ese conflicto profundizó la vieja rivalidad que afloró en Rusia.

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