Claudio Fantini
Claudio Fantini

La revancha de Tiananmén

Los jóvenes que inundaron Tiananmen en 1989 pusieron a Deng Xiaoping en una disyuntiva. Quienes lo flanqueaban en el poder representaban posturas contrapuestas sobre lo que debía hacerse.

El reformista Zhao Ziyang le recomendaba escuchar a los estudiantes y avanzar con ellos hacia la democracia. En las antípodas, el duro Li Peng pregonaba reprimir las protestas y sofocar cualquier intento de debilitar el monopolio del Partido Comunista Chino (PCCh).

El viejo Deng se inclinó por Li Peng y los tanques marcharon a la Plaza de la Paz Celestial para aplastar a los manifestantes. Exactamente tres décadas después, los jóvenes de Hong Kong parecen estar vengando la sangre derramada por los estudiantes masacrados en Tiananmén y los miles que fueron asesinados y desaparecidos en barrios de Beijing y otras ciudades chinas.Las masivas protestas en la ex colonia británica no cedieron ante la brutal represión policial, a la que enfrentaron usando también mucha violencia. Y de momento parecen estar torciendo el brazo al régimen central y a su poderoso líder, Xi Jinping.

Joshua Wong era adolescente cuando comenzó a agitar a los estudiantes contra la pérdida de libertades con que se preanuncia lo que sobrevendrá a partir del 2047, desde el momento en que expire el acuerdo alcanzado mediante la fórmula “un país, dos sistemas”. La volátil promesa de mantener el estatus de Región Administrativa Especial podría también caducar junto con el acuerdo por el que esos territorios fueron restituidos por el Reino Unido a China.No es la primera vez que los hongkonitas salen a protestar. La primera fue en 1997, cuando el opulento enclave quedó bajo soberanía china. Pero no tuvieron éxito. Las multitudes volvieron a las calles en el 2014 para reclamar democracia con sufragio universal, en lo que quedará en la historia como la “protesta de los paraguas”, aunque tampoco lograron lo que pedían.

En cambio esta vez, chocando contra la represión para voltear la Ley de Extradición que, bajo presión de Beijing, impulsa el gobierno local encabezado por la sumisa Carrie Lam, están logrando impedir que el PCCh consiga el instrumento con el que podría perseguir a los muchos opositores que tiene en una comunidad plagada de activistas y dirigentes pro democracia, pro Derechos Humanos y pro diversidad política, religiosa, sexual y cultural.Aunque el texto de la Ley de Extradición hable sólo de 37 delitos entre los que no menciona a los de índole política, sobran razones para temer que el poder central la convierta en un arma persecución política.

Los manifestantes de Hong Kong no temen por el capitalismo sino por las libertades públicas. Al fin de cuentas, el viejo Deng se inclinó por el duro Li Peng porque lo que detonó la rebelión estudiantil de 1989 fue el ajuste que a ese sector le causaron las reformas de apertura económica.

Paradójicamente, no sólo fue a favor de la nomenclatura comunista sino también del capital privado que marcharon los tanques a masacrar jóvenes en la Plaza de Tiananmén.

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