Claudio Fantini
Claudio Fantini

Retrocesos del populismo

No es fácil afirmar que en Grecia ha perdido la izquierda y ha triunfado la centroderecha. 

Al revés de lo proclamado para llegar al poder, el gobierno de Syriza (Izquierda Radical) conducido por Alexis Tsipras, realizó un ajuste durísimo para mantener el país en la eurozona, echando por la borda a Yannis Varufakis y la demás dirigencia izquierdista anti-ajuste.

El hecho es que, con la victoria de Kyriakos Mitsotakis, regresa al poder Nueva Democracia, el brazo centroderechista del bipartidismo tradicional.La catastrófica derrota del PASOK, ahora convertido en el partido centrista Kinal, deja a Syriza en el lugar que desde el final de la Dictadura de los Coroneles ocupó la fuerza socialdemócrata liderada por la dinastía Papandreu.

Si al triunfo de Mitsotakis se le suma el derrumbe total del partido neonazi Amanecer Dorado, se puede percibir que Grecia está regresando a la política tradicional desde el populismo y el antisistema.

La prensa mundial da cuenta del asenso de líderes populistas que produce la ola anti-sistema que recorre el mundo. La tendencia existe. Se trata de lo que los alemanes llaman “zeitgeist”: espíritu de la época. Pero han comenzado a producirse signos de restauración sistémica.

La derrota del populismo religioso en Estambul es una prueba de lo que estaría convirtiéndose en tendencia. Hasta aquí, Recep Erdogán avanzaba hacia una “sultanización” de su presidencia, arrollando a los opositores en todos los comicios. Pero en la última elección, igual que en Ankara y Esmirna, su candidato a alcalde de la ciudad más importante de Turquía, Binalí Yildirim, perdió ante la oposición socialdemócrata.

Esa elección, que había sido anulada por supuestas irregularidades, se repitió ratificando la victoria de Ekrem Imamoglu, un ataturkista de centroizquierda que cuestiona como antidemocrático al AKP, el partido del conservadurismo religioso que está transformando la institucionalidad que ha regido en Turquía desde la primer mitad del siglo 20.

El líder que quiere poner fin al Estado secular creado por Atatürk, expresa en Turquía la ola anti-sistema de las últimas dos décadas. Está en la misma vereda del húngaro Viktor Orban, el polaco Jaroslaw Kaczynski, el filipino Rodrigo Duterte y el nacional-hinduista Narendra Mori, entre muchos otros.Estambul y Grecia no son señales aisladas. El triunfo de la liberal y europeísta Zuzana Caputova en Eslovaquia está en la misma dirección. También marchan en ese rumbo las masivas protestas en Praga contra el gobierno de Andrej Babis y las victorias socialdemócratas en España y Dinamarca.

La restauración de los partidos tradicionales que se está insinuando en las urnas europeas, prueba que la avanzada populista, por derecha y por izquierda, está destinada al fracaso. Los demagogos son la apuesta en la incertidumbre que producen fenómenos de este tiempo, como la aceleración de la transformación tecnológica y sus consecuencias en la sociedad. Pero el populismo ofrece utopías regresivas, generando la ilusión de poder cambiar lo que las dirigencias convencionales no cambian.Tarde o temprano, sus gobiernos terminan defraudando.

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