Claudio Fantini
Claudio Fantini

Reinventando la historia

El Cantar del mio Cid, junto con historiadores posteriores, construyeron el mito de Rodrigo Díaz de Vivar, ocultando una parte de la historia de aquel guerrero castellano que conquistó Valencia en el siglo XI.

Resaltaron las épicas batallas que libró “el campeador” como guerrero cristiano. Pero en su novela Sidi (señor, en dialecto árabe) Arturo Pérez Reverte relata los muchos combates que libró a favor de reyes moros contra ejércitos cristianos.

Antes que un hidalgo al servicio de monarcas católicos, Díaz de Vivar había sido un mercenario al servicio del mejor postor.

Un grupo de intelectuales y expertos en propaganda hicieron con el matrimonio Kirchner algo similar a lo que hicieron los manuales de historia y la literatura española con el Cid Campeador. Describieron a grandes trazos una supuesta militancia en el peronismo revolucionario de los sesenta y setenta, para concentrar el resto del relato en todo lo ocurrido desde la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia de la Argentina.

Sobre los abogados que se quedaban con las viviendas de las víctimas de la Circular 1050, además de negarle hábeas corpus a los perseguidos y apresados por la dictadura más sangrienta de la historia argentina, no dicen nada.

Tampoco sobre el gobernador y la primera dama que no recibían a las Madres de Plaza de Mayo de su provincia patagónica, ni sobre las gestiones realizadas por Néstor a favor de la venta de YPF a Repsol ni de la privatización del Banco Provincia de Santa Cruz, medida que caracterizaba a los gobernadores “neoliberales” de aquel momento.

La operación de borrar la historia o cambiarla, como hacía Winston Smith en el Ministerio de la Verdad de la novela de Orwell, se repitió posteriormente. Por ejemplo, desapareció la Cristina que no quería saber nada con el aborto y con el matrimonio igualitario, quedando sólo la que habla lenguaje inclusivo.

Ahora le toca a Alberto Fernández borrar pasados. Y tiene que empezar por su propio discurso y por todo lo que escribió durante diez años sobre quien es hoy su vicepresidenta y autora exclusiva de su arribo a la Casa Rosada.

El presidente argentino tiene que borrar todo lo que dijo y escribió lanzando las más duras acusaciones y descalificaciones que se hicieron sobre Cristina Fernández de Kirchner. Y tiene que ocultar algo que también está a la vista: una monumental corrupción.

Alberto viene diciendo que hubo lawfare y que Cristina es inocente. Los ejemplos que da de maltrato judicial a la ex mandataria caben a la perfección para el vía crucis que se le impuso a Fernando De la Rúa.

El ex presidente radical sufrió escraches periodísticos y humillaciones de parte de magistrados y del propio Néstor Kirchner. Pasó interminables horas en tribunales, esperando en incómodos pasillos y respondiendo extenuantes interrogatorios. Y cuando finalmente la Justicia lo declaró inocente, los medios que hoy son acusados de lawfare contra Cristina y que habían publicado en grandes titulares las acusaciones contra De la Rúa, lo informaron en ínfimos recuadros, o entre líneas.

El actual presidente era el jefe de Gabinete de aquel gobierno que también se valió de la Justicia para sacar del medio a opositores que, como Enrique Olivera, estaban por ganar comicios importantes contra candidatos kirchneristas.

De eso no habla la historia del lawfare que está narrando Alberto Fernández.

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