Claudio Fantini
Claudio Fantini

Regreso con gloria

Guaidó logró volver al centro del ring, poniendo nuevamente en retroceso a Maduro.

Desde que saltó sorpresivamente al escenario político el 23 de enero al proclamarse “presidente encargado”, el líder de la Asamblea Nacional había avanzado como una tromba, logrando crear un contrapoder que arrinconaba al régimen. Pero cuando parecía tambalear recostado sobre las sogas, Maduro sacó un golpe que tomó por sorpresa Guaidó.

El joven desafiante se había abalanzado con excesivo triunfalismo y lo sorprendió que el régimen lograra impedir el ingreso de los convoyes que él había asegurado que entrarían.

Los venezolanos y el mundo vieron trastabillar a Guaidó por no haber podido quebrar el bloque militar con la ofensiva de la “ayuda humanitaria”. Recalculando es la palabra que define el estado en que quedaron tanto la oposición interna como el bloque de países que consideran al poder imperante una dictadura calamitosa que debe concluir cuanto antes.
La administración Trump chocaba con la negativa del Grupo de Lima, de Canadá y de Europa a apoyar una solución militar.

Guaidó había quedado afuera del ring y tenía que encontrar el modo de reingresar en condiciones de dar nuevamente pelea. El régimen anunciaba su intención de detenerlo si intentaba volver. Su salida había vulnerado decisiones adoptadas por el aparato judicial, por ende su regreso podía derivar en un arresto.

Tras una gira por la región buscando reforzar el apoyo de los principales miembros del Grupo de Lima, el líder del contrapoder anunció que retornaría al país y voces de advertencia a Maduro le llegaron desde Estados Unidos y Europa: no debía atreverse a encarcelar al hombre al que reconocen como “presidente encargado” de Venezuela.

Otra vez, el régimen debía optar entre volver a tomar riesgos (como hizo al impedir la entrada de alimentos y medicamentos) y apresar a Guaidó como en su momento hizo con Leopoldo López, con Antonio Ledesma y con tantos otros dirigentes opositores, o abstenerse de desafiar a las potencias del Norte occidental y al Grupo de Lima, permitiendo que Guaidó reingrese a Venezuela sin encontrarse con una orden de detención.

La casta imperante sabe que el precio de no apresar al líder disidente es mostrarse débil ante el contrapoder que construyó; o sea retroceder nuevamente a recostarse en las sogas, dejando la ofensiva en manos de Guaidó.

El líder disidente subió la apuesta, desafiando a Maduro. A esa hora, ya sabía que el cuerpo diplomático de los países que lo respaldan acudiría a esperarlo al aeropuerto, para dotarlo de un blindaje internacional que dificultara una operación para ponerlo bajo arresto.

El domingo, la cantidad de policías y militares que tomaban posición en el aeropuerto de Caracas preanunciaba que el régimen actuaría como actuó frente a los convoyes con comida y medicamentos, lo que ahora equivalía a encarcelar al líder disidente. Así lo afirmaba también el poderoso y violento Disdado Cabello. Pero a último momento el régimen desistió y Guaidó pudo entrar como “Juan por su casa” y darse un baño de multitudes en el centro de Caracas.

El retorno ha equilibrado de nuevo la titánica pulseada. Falta ver si el paso atrás del régimen lo dejará de nuevo contra las sogas, o si esperará otro error del desafiante para intentar encarcelarlo.

El 23 de febrero Maduro bailó triunfal por haber dejado a Guaidó fuera del ring. Pero ayer no pudo lanzar sus golpes y el desafiante protagonizó un “regreso con gloria”.

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