Claudio Fantini
Claudio Fantini

La razón inconfesable

Al de Mauricio Macri se lo puede considerar un gobierno deficiente sin pecar de desmesura. Pero no se lo puede acusar de ser una dictadura sin caer en el absurdo.

El kirchnerismo cayó en ese absurdo. Negándole legitimidad por considerar que su triunfo fue impuesto por "los medios hegemónicos", Cristina no le entregó el bastón de mando y sus seguidores propalaron la consigna "Macri, basura, vos sos la dictadura".

El carácter absurdo de semejante acusación se multiplica a la enésima potencia al contrastar con la defensa que el kirchnerismo está haciendo de Nicolás Maduro. Una cosa es señalar el gravísimo peligro que una intervención militar norteamericana implica para Venezuela y para la región, y otra cosa muy distinta es colocar la legitimidad en la vereda de Maduro, acusando a Juan Guaidó y a la Asamblea Nacional de dar un golpe de Estado.

Uno de los instrumentos retóricos más eficaces del macrismo contra el kirchnerismo, es acusarlo de querer convertir la Argentina en Venezuela. La dirigencia del FPV niega enfáticamente que sus gobiernos empujen el país en esa dirección. La aseveración claramente exagerada de los voceros de Cambiemos sobre el chavismo kirchnerista es aún más repelida por el FPV en este tiempo electoral, porque podría afectar negativamente las chances de Cristina.

El discurso prochavista solo agrada al núcleo ideologizado del kirchnerismo, pero espanta a las franjas que votarían a Cristina por razones prácticas que no pasan por las fiebres ideológicas. Teniendo en cuenta que ese núcleo duro no supera el 20%, cabe preguntarse con perplejidad por qué el kirchnerismo se arriesga a espantar votos imprescindibles para ganar la elección presidencial de este año, nada menos que por defender un régimen esperpéntico tan criminalmente represor, visiblemente corrupto y pavorosamente inepto como el que encabeza Maduro.

Con todo lo cuestionable que pueda ser la oposición, pocas cosas están tan expuestas como el resultado calamitoso del modelo económico chavista. Un éxodo de dimensiones bíblicas habla por sí solo. Y también es evidente que la gran mayoría de los venezolanos vive una pesadilla que lleva casi una década.

La pregunta, entonces, es por qué correr un riesgo electoral por defender a Maduro y la casta político-militar que se enriqueció fundiendo el Estado y empobreciendo el país. Por qué considerar legítimo el poder que se negó a realizar el referéndum revocatorio que establece la Constitución, bloqueó la actividad legislativa, impuso una constituyente que no redacta una constitución sino que reemplaza a la Asamblea Nacional, creó descabellados instrumentos de control social como el Carnet de la Patria, reprimió protestas dejando cientos de muertos, abarrotó las cárceles militares de estudiantes y dirigentes políticos, además de entregar el arco minero del Orinoco a la explotación clandestina de mafias foráneas.

La única explicación lógica al inquietante enigma, pasa por la "embajada paralela" que tenía Néstor Kirchner en la Venezuela de Chávez para hacer negocios ilegales, y por las maletas hinchadas de petrodólares que ingresaban a la Argentina provenientes de Caracas. Antonini Wilson fue el personaje al que incautaron una de esas valijas al ingresar a Buenos Aires con una comitiva de altos funcionarios kirchneristas y chavistas.

Es imposible pensar que hubo solo un Antonini Wilson. Seguramente hubo miles repartiendo por toda Latinoamérica los petrodólares que, primero, financiaban la construcción del liderazgo de Chávez, y después la complicidad con el régimen calamitoso que dejó como herencia.

Es imposible pensar que hubo solo un Antonini Wilson. Seguro hubo miles repartiendo por toda Latinoamérica los petrodólares.

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