Claudio Fantini
Claudio Fantini

La proeza política imprescindible

De nada sirve vencer al coronavirus en un país o una región si continúa avanzando en otros países y regiones. Las victorias individuales sólo pueden ser momentáneas. Si la pandemia es global, la forma de enfrentarla también debe serlo.

Si el 2020, que fue el año de la pesadilla, quedará también en la historia como el año de la proeza científica por la creación en tiempo récord de vacunas potentes, el 2021, que será el año de la resistencia tenaz del coronavirus a través de sus mutaciones, deberá quedar en la historia como el año de la “proeza política”: conformar la alianza global para terminar con la pandemia.

En el 2020, tres factores posibilitaron la proeza científica de crear vacunas en tiempo record: la circunstancia excepcional que obligaba a la aceleración de los tiempos, el desarrollo tecnológico alcanzado por los laboratorios en los últimos años y el nivel de interconexión entre laboratorios, universidades y otros centros de investigación científica.

En la fase 2021 de la lucha contra la pandemia al principal desafío lo impone la resistencia que opone el virus a través de sus mutaciones permanentes y cada vez más aceleradas.

La simultaneidad y alcance global de las campañas de vacunación parece el arma más eficaz e indispensable para afrontar esta fase. Está claro que, si no se la vence en todos los rincones del planeta, la pandemia no estará vencida y continuará brotando y re-brotando.

La crisis sanitaria alcanza una dimensión que obliga a los gobernantes a calzarse el traje de estadistas para conformar una coalición internacional destinada a organizar en tiempo récord una campaña mundial de vacunación.

Esa coalición global debe comenzar por Estados Unidos, China, Europa, Rusia y Japón.

La competencia geopolítica y las pujas por el liderazgo económico y tecnológico deben quedar de lado cuando lo que está bajo amenaza es la humanidad y lo que está siendo afectado es la economía de todos los países.

No importan las diferencias culturales ni los intereses enfrentados. Si los líderes de las grandes potencias no inician el camino hacia la lucha global contra el coronavirus, ningún país podrá afrontar los futuros desafíos de la era de pandemias que ha comenzado.

Franklin Roosevelt y Winston Churchill estaban en las antípodas de Stalin, pero la amenaza global que representaba el nazismo hizo que, como grandes estadistas que fueron, entendieran la urgencia de aliarse con la Unión Soviética.

A la urgencia de alianzas difíciles hoy la impone la pandemia. Será imposible vencer si el ataque contra el virus no es global, simultáneo y coordinado.

De nada sirve bajar los contagios en una parte del mundo si crecen en otros rincones del planeta. Sin una alianza global que globalice la vacunación, el virus reaparecerá indefinidamente diezmando poblaciones vulnerables y debilitando la economía mundial y la de cada uno de los países.

Si la alianza internacional a la que obligó el nazismo en el siglo 20 fue militar, la alianza a la que obliga el coronavirus es científica, tecnológica y logística.

Esa alianza global no sólo es indispensable para afrontar la era de crisis sanitarias que empezó. También lo es para enfrentar lo que engendra a esta era de pandemias: el calentamiento global.

De nada sirve que un grupo de países tomen medidas para controlar el cambio climático, si otros países siguen actuando como si el calentamiento global no existiera. O se establece una alianza global que globalice las medidas para contener el cambio climático o el grave peligro que corre el hábitat de la humanidad seguirá creciendo.

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