Claudio Fantini
Claudio Fantini

La peor de las estafas

El esquema de corrupción que sacude a la Argentina es como un tumor cuya existencia casi todo el país percibía pero una parte del país negaba.

Estaban los síntomas y eran perceptibles. Muchos en la prensa y la sociedad los describían, mientras otros muchos en la sociedad y la prensa los desmentían.

Lo que está ocurriendo desde la aparición de los cuadernos del chofer que transportaba fortunas y su inmediata consecuencia, la ola de confesiones de empresarios y funcionarios arrepentidos, es que ahora la sociedad tiene ante sus ojos la biopsia y las radiografías que muestran el tamaño y los rasgos del tumor. Por lo tanto, ya no es posible negar la realidad que siempre fue perceptible, aunque no absolutamente verificable.

En la Argentina ese tipo de tumores tenía antecedentes; no obstante, la radiografía muestra que al más grande y voraz de los carcinomas que carcomieron al Estado, lo originó Néstor Kirchner. También es perceptible su esposa en el núcleo del tumor, además de verse nítidamente muchos de los tentáculos con que devoraba riquezas públicas.

La protección que varios senadores peronistas están dando a Cristina permite suponer que existen numerosas metástasis entre intendentes y gobernadores. No por defender a la ex presidenta, sino para evitar sentar un precedente de vulnerabilidad de los fueros que quizá pronto necesitarán para protegerse, hay gobernadores que públicamente critican a Cristina, pero por lo bajo ordenan a sus respectivos senadores no dar quórum a las sesiones que podrían desaforarla.

La otra realidad, antes perceptible y ahora comprobada, es que hubo dos modalidades de corrupción público-privada. Una era la "coima" y la otra el sobreprecio.

Es importante distinguirlas en diferencia y gravedad. Tanto la coima como el sobreprecio son delitos que cometen las dos partes: el que cobra y el que paga. Pero el que paga, o sea el empresario, puede atemperar su culpa aduciendo que era la imposición del funcionario coimero para que su empresa pueda acceder al contrato con el Estado.

Esto no exime al empresario del delito, cometido en colusión con el funcionario, pero el dinero saldría de su bolsillo. En cambio en los casos de sobreprecio el dinero que se quedan los gobernantes sale de las arcas del Estado. Ergo, no es un empresario resignando ganancia para obtener un contrato. Es un empresario siendo cómplice de la estafa al Estado que perpetra el gobernante corrupto. En este caso, el saqueo a las arcas públicas es cometido por las dos partes y el dinero que fluye hacia el enriquecimiento ilícito de los corruptos no sale del bolsillo "privado" de quien "compra" un contrato o una licitación. Sale del bolsillo de la Nación.

De tal modo, el tumor cuya existencia, tamaño y malignidad están siendo reconfirmados por la biopsia y la radiografía, lo que estaría mostrando es la mayor estafa al Estado que se haya perpetrado en Argentina.

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