Claudio Fantini
Claudio Fantini

Peligros en la oscuridad

Cuando los constituyentes de Hugo Chávez incluyeron el inciso 11 en el Artículo 187 de la Constitución Bolivariana, seguramente pensaban en un levantamiento armado interno que hiciese necesario que tropas extranjeras (léase cubanas) intervinieran para salvar al régimen.

Pero dentro del actual discurso disidente, no es precisamente una intervención militar de Cuba lo que se pretende cuando se menciona ese controvertido artículo.

Lo que señala el inciso 11 es que, en una situación de emergencia excepcional, la Asamblea Nacional puede decidir, tanto la intervención de militares venezolanos en otro país, como la intervención de militares extranjeros dentro de Venezuela.

Amén de que muchas constituciones contemplan permitir acciones militares extranjeras en situaciones especiales, en el caso chavista la intención de ese recurso constitucional era muy particular. En 1999, cuando se redactó la carta magna, era visible que Chávez aún no lograba la lealtad total de los militares. De hecho, tres años más tarde, un sector del ejército encerró al presidente en Fuerte Tiuna para traspasar el mando al empresario Pedro Carmona.

Aquel intento fallido de golpe de Estado terminó de empujar a Chávez a los brazos de Fidel Castro. Los estrategas del G-2, los servicios de inteligencia de Cuba, diseñaron el SEBIN (la agencia chavista de espionaje interno) y las redes de delación para detectar las disidencias en las estructuras militares y en el resto de la sociedad. Pero por si algo fallara, estaba el Artículo 187 para activar una intervención extranjera para defender al gobierno chavista de sus enemigos internos o externos.

El régimen de Maduro ya no podría activar esa cláusula constitucional para defenderse de una rebelión militar interna, sencillamente porque una intervención abierta de tropas cubanas justificaría en el acto una intervención norteamericana, colombiana y brasileña. En La Habana nadie estaría dispuesto a ordenar una intervención en Venezuela que podría terminar en catástrofe para el propio régimen cubano.

Hoy el Artículo 187 merodea el discurso de Guaidó, porque el contrapoder que lidera parece empezar a descartar que el régimen pierda el control sobre los militares. Y si los militares siguen reprimiendo las protestas en lugar de rebelarse contra la camarilla que los manda a reprimir, la cúpula de la Asamblea Nacional ha comenzado a considerar como única alternativa a una intervención militar extranjera, encabezada por Colombia, Brasil y Estados Unidos.

En rigor, esa idea está en la cabeza de Guaidó desde que se proclamó presidente interino. Probablemente, apostó a que el ingreso de los convoyes con alimentos y medicamentos el pasado 23 de enero rompería la unidad del bloque militar, iniciando la rebelión castrense que derribaría a Maduro, o daría motivos a una intervención colombiana a la que pronto se sumarían el ejército brasileño y la aviación norteamericana.

Nada de lo que esperaba ocurrió. Lo que hubo tras el bloqueo chavista a los convoyes, fue un claro pronunciamiento de Canadá y el Grupo de Lima rechazando una intervención militar externa. Pero lo que parecía descartado en la reunión del 25 de febrero en Bogotá, volvió a plantearse por el catastrófico corte de energía eléctrica. Guaidó habló nuevamente del artículo constitucional que posibilita la intervención militar externa, reclamando activarlo.

El fantasma de un conflicto armado que parecía conjurado, reapareció en esta Venezuela en penumbras.

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