Claudio Fantini
Claudio Fantini

La pelea más insólita

De Gaulle y Eisenhower jamás habrán imaginado un intercambio de misiles verbales como el que se lanzaron Macron y Trump.

Aquellos generales que presidieron sus respectivos países, habían protagonizado uno de los acontecimientos históricos que marcaron la rivalidad entre Francia y los Estados Unidos.

De por sí, para el orgullo nacional de los franceses no era del todo fácil digerir que los norteamericanos los habían liberado de los nazis. La insurgencia maqui con sus emboscadas y sabotajes no habría podido, por si sola, poner fin a la ocupación alemana. Acrecentaba un sentimiento de humillación el hecho de que al régimen instalado por el III Reich en Vichy lo encabezara el mariscal Petain, un héroe de la Primera Guerra Mundial convertido en marioneta de Hitler.

Esa carga acrecentó el malestar galo cuando Ike Eisenhower ordenó a París y Londres cesar la guerra lanzada contra Egipto cuando Nasser nacionalizó el Canal de Suez.

La Guerra Fría imponía necesidades estratégicas que, para Washington, resultaban prioritarias en materia de conflictos bélicos. Charles de Gaulle volvió al Palacio Eliseo dos años más tarde y convocó al matemático y físico nuclear Yves Rocard (cuyo hijo Michel sería primer ministro del gobierno socialista de la década del 80) para crear un arsenal nuclear que diera a Francia más independencia que la que tenía cuando Estados Unidos le ordenó cesar las acciones militares en Egipto.

Desde entonces existió una tensión entre ambos países, aliados contra el Pacto de Varsovia en la Confrontación Este-Oeste. Pero jamás esa tensión había ingresado al terreno de la discusión pública entre dos presidentes. Y, mucho menos, que uno de esos presidentes se burlara públicamente del otro, ridiculizándolo con chicanas sobre la escasa aprobación a su gestión que señalan las encuestas.

Eso hizo Donald Trump. Usó twitter para burlarse del mandatario galo que, junto con Angela Merkel, había cuestionado las proclamas nacionalistas del presidente norteamericano y su apoyo a los líderes europeos que se oponen a las instituciones de Bruselas.

Los choques entre ambos mandatarios comenzaron mucho antes. En un primer momento, Macron había intentado convencer a su par estadounidense de la conveniencia de que cesaran sus ataques a los aliados porque estaban debilitando la OTAN, y revisara su decisión de sacar a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre Cambio Climático.

Fue como meter los dedos en un enchufe. Trump colocó a Macron en la mira de sus más duras descalificaciones. En ese paredón de fusilamiento verbal está también el primer ministro canadiense Justin Troudeau y otros líderes que se caracterizan por un buen nivel intelectual y por expresar un progresismo liberal y cosmopolita que defiende al medio ambiente agredido por la contaminación y a la globalización jaqueada por la regresión nacionalista.

El insólito ataque de Trump a Macron incluyó una desopilante alusión burlesca a las dos devastadoras guerras que enfrentaron a Alemania y Francia en el siglo XX. La intención era clara: ridiculizar el tándem conformado por los líderes de Alemania y Francia, opuesto a los liderazgos nacionalistas que están desgarrando Europa y desgajando la Alianza Atlántica.

La respuesta francesa al bullyng de Trump, fue contundente: le exigió actuar con “decencia”. Una forma elegante de llamarlo indecente.

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