Claudio Fantini
Claudio Fantini

El mundo en Buenos Aires

Entre 2008 y 2010, el G20 acordó políticas para contener la crisis financiera originada en las hipotecas subprime.

El foro mundial más influyente dejó en claro su utilidad. La suma de superpotencias más países emergentes, da como resultado la mayor potencialidad global. Pero no todas las cumbres tienen resultados tan concretos como las que, a fines de la década del ’90 y en el inicio de esta década, enfrentaron sismos financieros.

La cumbre de Buenos Aires quedará en la historia como la de las grandes pulseadas y los pequeños pero graves choques. Su agenda muestra tres órdenes: lo urgente, lo importante y lo trascendente. En el orden de lo urgente está la guerra comercial entre Estados Unidos y China; en el orden de lo importante, la pulseada entre multilateralismo y bilateralismo, y en el orden de lo trascendente cuestiones como el cambio climático y la desaparición del trabajo.

En Buenos Aires quedará expuesta la pulseada entre visiones contrapuestas sobre el funcionamiento del mundo. Multilateralismo y bilateralismo medirán fuerzas, mientras Trump y Xi Jinping dirimen sus controversias comerciales.

La guerra comercial ya empezó y se encuentra en la fase de las escaramuzas. La cumbre mostrará si el G20 puede evitar que este conflicto se profundice.

El futuro del multilateralismo y la profundización o reversión de la guerra comercial chino-norteamericana, son dos puntos claves de este momento de redefinición global. Las convulsiones que se vean en Buenos Aires tendrán que ver con este trance histórico. ¿Se consolidará la detente del proceso globalizador, con notables retrocesos hacia la primacía del Estado sobre la internacionalización? ¿O se acordarán nuevas fórmulas para retomar la marcha hacia la aldea global?

Mientras este debate se escurre en las discusiones de todos los niveles de la cumbre, sobre el escenario central se darán choques entre líderes y quedarán expuestas situaciones conflictivas no relacionadas a la agenda del encuentro.

Por caso, Trump y Macron tuvieron una insólita confrontación en la antesala de la cumbre. El norteamericano hizo bullying a su par francés y el gobierno galo le respondió exigiéndole un "comportamiento decente".

El origen de este roce, tan grave como insólito, tiene que ver con la cuestión fundamental de la cumbre, porque en la conmemoración del final de la Primera Guerra Mundial, Macron había reprochado a Trump su nacionalismo y el retroceso que implica su "América Primero".

Lejos de la agenda, es posible que Merkel increpe a Erdogán por haber llamado "nazi" a Alemania cuando prohibió en suelo germano mitines proselitistas de ministros turcos sobre el referéndum para reformar la Constitución en Turquía.

A estos roces se suman las sombras con que arribaron algunos líderes. Vladimir Putin llegó acompañado de las denuncias de Ucrania por los incidentes en el Mar de Azov. Kiev aprovechó el momento para recordarle al mundo que Rusia está imponiendo su expansionismo territorial sin que nada la detenga.

No obstante, la presencia más perturbadora es la del príncipe saudita. Por el crimen de Khashoggi y por la trágica guerra en Yemen, Riad debió enviar a otro representante del Estado, pero envió a su figura más controvertida: Mohamed.

Fue como exigirle al mundo que baje su dedo acusador y se incline ante su príncipe, aunque tenga sangre en las manos.

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