Claudio Fantini
Claudio Fantini

La metamorfosis colombiana

Más que una señal más de giro político latinoamericano hacia la derecha, el resultado del proceso electoral colombiano debe verse como una señal más de la metamorfosis política que sigue dándose en Colombia.

La novedad es que hay una nueva bipolaridad reemplazando a las anteriores. Y esta nueva bipolaridad es rotunda: derecha-izquierda.

A lo largo del siglo XX, a los dos polos los ocuparon el Partido Conservador y el Partido Liberal. El primero era defensor de un statu quo dominado por un puñado de familias tradicionales y terratenientes, mientras que el segundo representó siempre una socialdemocracia popular y partidaria de la reforma agraria.

Sobre finales del siglo y los primeros años del actual, los conservadores ya representaban una derecha modera-da, mientras que el Partido Liberal seguía expresando una versión latinoamericana de los socialdemócratas de Europa o de los radicales argentinos.

Tras el fracaso del presidente Andrés Pastrana en la negociación de paz que Tirofijo aprovechó para reorganizar a su guerrilla marxista, el Partido Conservador se debilitó y dejó a los liberales un protagonismo hegemónico. Pero tras el giro político que implicó la presidencia de Álvaro Uribe, el viejo partido de Jorge Eliéser Gaitán empezó a dividirse en las dos porciones que protagonizaron la nueva bipolaridad: la derecha uribista y la centroizquierda santista.

El nuevo bipolarismo estaba conformado por el Partido de la U, del presidente Juan Manuel Santos, y el Centro Democrático, de su exaliado Álvaro Uribe. Ergo, a esta altura de la historia, el Partido Liberal había quedado marginado por las dos fuerzas políticas que se engendraron en su vientre. Pero la que lideró Santos acaba de sucumbir en este último proceso electoral, del que salió triunfante el uribismo con su candidato, Iván Duque.

En la nueva bipolaridad, la centroizquierda dejó su lugar a una izquierda más definida: el Polo Democrático. Su líder, Gustavo Petro, no representa el castro-chavismo ni pretende convertir Colombia en una nueva Venezuela. El M-19, la guerrilla de la que proviene, nunca fue marxista como las FARC y el ELN, sino de una izquierda nacionalista inspirada en el general Rojas Pinilla. Y de sus filas salieron legisladores y gobernadores estaduales destacados como Navarro Wolff. La falsa imagen del castro-chavismo la instaló con éxito el uribismo, logrando ganar el balotaje. No obstante, con más de ocho millones de votos, el Polo Democrático se consolida como segunda fuerza y principal oposición. Por lo tanto en Colombia la pulseada ya no es más centroderecha contra centroizquierda, sino derecha contra izquierda.

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