Claudio Fantini
Claudio Fantini

¿Mensaje del Papa al juez?

Si la agonía no le impidió enterarse de lo que ocurre en Argentina, seguramente no debe haberse sorprendido.

Si un escritor británico no podía sorprenderse con la aparición de una bitácora de la corrupción y el desfile empresarios describiendo el sistema de sobornos, ese es Vidiajar Surajprasad Naipaul, el novelista que desciende de brahamanes de la India, nació y creció en Trinidad y Tobago pero vivió Londres hasta morir este fin de semana.

Por la aversión que sentía hacia las religiones, a Naipaul no lo hubiera sorprendido ni siquiera ver a la ex presidenta entrando ayer a tribunales acompañada por dos amigos del Papa (Juan Grabois y Eduardo Valdez) en lo que puede leerse como un mensaje del pontífice a los magistrados que la investigan por corrupción.

A ese huraño Premio Nobel de Literatura le tocó morir justo cuando el país que conoció en el amanecer de los años 70, empezó a supurar ríos de evidencias de una corrupción descomunal. La infección era evidente, pero la volcánica erupción de pruebas derribando el muro de silencio empresarial, se produjo justo cuando la vida de Naipaul se apagaba.

El escritor que quedará en la historia de la literatura por novelas como “Una Casa para Mr. Biswas” y “El Cuaderno Místico”, también fue prolífico en el terreno del ensayo político, cultural y sociológico, donde sobresaldrá su análisis cuestionador del pos-colonialismo y del “imperialismo religioso árabe”, así como su mirada crítica al Islam. Pero su paso por Argentina dejó también una serie de ensayos que parecen escritos a la luz de fenómenos actuales como la corrupción kirchnerista.

“El Cadáver en Puerta de Hierro” y “El Regreso de Eva Perón” fueron dos notables trabajos. Describió la Argentina setentista como un país dividido por el odio político, en el que las partes enfrentadas justificaban la exclusión violenta de la contraparte. Y en un ensayo que tituló “A Cuntry for Plunders” (Un país para el pillaje) describió los orígenes decimonónicos de la corrupción y su continuidad en el siglo XX, afirmando que siempre hubo más saqueadores internos que externos.

En un diálogo del año 2001 con el escritor Rodolfo Rabanal, ese pensador liberal que aborrecía los dogmas religiosos y políticos por promover “ideas fijas”, describió lo que, en este tiempo, los argentinos llaman “la grieta”. Habló de un país donde “no hay debate verdadero, sólo pasión y jerga”, usando el término como sinónimo de lenguaje de consignas; lo que en estos años los argentinos llamaron “relato”. Y explicó que “la jerga (el relato) transforma la realidad en abstracción” y que “donde ella se impone, sólo existen enemigos”.

Naipaul se refería a la Argentina setentista, aunque también describía el país de ese momento y el de la siguiente década. “Las pasiones todavía prevalecen… aniquilando toda razón…sin que ninguna solución aparezca a la vista”, le dijo a Rabanal.

Posiblemente hoy diría que, además de no sorprenderle el derrame de evidencias y confesiones, tampoco le sorprende que la principal acusada fuera a tribunales flanqueada por dos personas cuyas presencias implican un mensaje del Papa a los magistrados.

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