Claudio Fantini
Claudio Fantini

Mares tempestuosos entre Chile y Argentina

La imagen de Alberto Fernández se ahoga en sus propias palabras y negligencias. Desde que confundió a Octavio Paz con Litto Nebbia diciendo una frase absurda y ofensiva ante el jefe del Gobierno español, el presidente argentino parece víctima de una incontinencia verbal que lo opaca aceleradamente.

Al conocerse la imperdonable fiesta clandestina en Olivos violando sus propias disposiciones contra todo tipo de reuniones en cuarentena, responsabilizó a su mujer y minimizó la gravedad de lo sucedido. Y al difundirse el video de la profesora kirchnerista que vocifera consignas con violencia intentando adoctrinar a sus alumnos, la defendió diciendo que es un modo “formidable” de “abrirle la cabeza” a los jóvenes.

El único acierto que parece haber tenido Alberto Fernández en estos días es ordenar la respuesta inmediata de su Cancillería al presidente chileno por la ampliación de la plataforma continental del país vecino a partir de las 200 millas náuticas. Para el gobierno, “Chile pretende apropiarse de una parte de la plataforma continental argentina y de un área marítima que es patrimonio común de la humanidad”.

En agosto del año pasado, Alberto Fernández definió las coordenadas del límite exterior de la plataforma argentina más allá de las 200 millas, mediante la Ley sobre Espacios Marítimos e Insulares, que tuvo la aprobación unánime del Congreso y el respaldo de todo el arco político.

En ese momento, no había elecciones legislativas con pronóstico reservado para el oficialismo ni el presidente exhibía tanto daño auto-infligido por sus negligencias y estropicios. Además, las autoridades chilenas no presentaron objeciones en el 2009, cuando Argentina presentó el límite exterior de su plataforma marítima al secretario general de Naciones Unidas, ni lo hizo en agosto del año pasado, cuando los poderes Ejecutivo y Legislativo establecieron la Ley sobre Espacios Marítimos e Insulares.

Por eso, si bien no se puede descartar que el gobierno de Piñera presente en los próximos días o semanas argumentos convincentes para defender sus decretos sobre soberanía marítima, tampoco se puede descartar que haya motivaciones políticas en este paso que generó tensión entre los dos países, a los que una mediación de Juan Pablo II rescató del borde de una guerra en las postrimerías del siglo XX.

La última ola de protestas debilitó al oficialismo chileno y en la elección de asambleístas constituyentes se produjo un sismo que modificó el tablero político. Los grandes ganadores fueron la izquierda de matriz marxista y las agrupaciones anti-sistema, en detrimento de la centroderecha y el conservadurismo duro, y también de la centroizquierda que gobernó con Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet.

Las encuestas señalan que Gabriel Boric, el candidato de la izquierda, podría derrotar a Sebastián Sichel, el candidato de la centroderecha. Si bien Boric venció en la interna a Daniel Jaude, del Partido Comunista, esa formación será parte del futuro gobierno si la coalición que integra se impone en las elecciones presidenciales del 21 de noviembre. Esta posibilidad resulta perturbadora para la derecha dura, que incluso había lamentado que el moderado Sebastián Sichel venciera a Joaquín Lavín en la interna de la coalición conservadora.

Con este cuadro de situación, no se puede descartar que Sebastián Piñera busque confrontar con Argentina en un tema que siempre excitó el nacionalismo trasandino, para potenciar las chances del oficialismo en la elección presidencial de noviembre. Pero sobre todo, no se puede descartar que el ala dura de la coalición gobernante esté presionando al presidente chileno y su gobierno moderado, para que le deje al eventual gobierno izquierdista que podría surgir de las urnas, una situación conflictiva que le dificulte vincularse con el gobierno argentino.

La derecha dura sospecha que, si la izquierda de matriz marxista y anti-sistema logra quedarse con la presidencia, podría producir una alianza ideológica con el gobierno del kirchnerismo. Y una forma de conjurar esa entente, es crear un conflicto que la obstruya.

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