Claudio Fantini
Claudio Fantini

Macri vs. Macri

Argentina, el extraño país donde un partido amistoso puede definir un campeonato, escribe cada día una página insólita en la historia.

Jamás se había escuchado a un presidente disculparse por lo dicho un par de días antes. Macri lo hizo. Y esa disculpa fue lo más significativo, porque las medidas paliativas que anunció solo parecen un giro demagógico desesperado y tardío para generar un alivio que, en gran medida, será devorado por el salto inflacionario disparado con la trepada del dólar.

La disculpa por la conferencia de prensa del lunes era imprescindible. Fue un paso hacia la realidad y el sentido común, porque el día después de la fatídica elección, el presidente había cometido un estropicio.

El lunes, en lugar de intentar llevar calma a los mercados antes de que abran, esperó que cierren para aparecer en cámara. Con las cifras alarmantes de los indicadores alimentando el pánico, la demora de Macri pareció un gesto neroniano. Sobre todo porque la lectura que hizo de los indicadores en llamas sonó a descripción de un castigo divino del mercado al pecado cometido en las urnas.

Las urnas habían actuado como el niño del cuento de Andersen que se animó a gritarle al rey lo que todos en su corte callaban: “estás desnudo”.

El lunes, Macri fue un rey que descargó su frustración con el niño. Dos días después, le tuvo que pedir perdón.

En el medio, el diario británico The Financial Times describía un presidente perdiendo el “contacto con la realidad” y, con la firma prestigiosa de Carlos Pagni, un artículo del diario argentino La Nación advertía sobre “el peligro de un Macri alienado”.

El presidente corrigió su derrape, pero con un volantazo tardío de los que producen zigzagueos difíciles de controlar.

Lo único claro en Argentina es que desde el escrutinio del domingo, a Alberto Fernández le alcanza y sobra con sentarse a ver cómo su contrincante se enreda solo consumiendo sus exiguas fuerzas para mantenerse en la contienda.

Lo que no puede ocultar Fernández es que lo tienta dejar que la deriva política y financiera provoque el naufragio de Macri antes de que llegue al final de su mandato. Una tentación inconfesable que revelaría la vigencia de los bajos instintos políticos que han convertido reiteradamente a la política argentina en dantescos campos de batalla.

Los errores de Macri no desmienten el estropicio económico que comenzó a gestar el kirchnerismo desde el primer mandato de Cristina Kirchner.

Ni el tembladeral financiero que comenzó el lunes es un castigo divino del mercado por “el pecado” cometido en las urnas, ni la deriva desesperante de Macri es la voz de la historia dándole la razón al kirchnerismo.

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