Claudio Fantini
Claudio Fantini

La lente de Bachelet

Con el lapidario informe sobre su visita a Venezuela, Michel Bachelet produjo un terremoto político que sacudió al régimen residual chavista.

Ahora, con un nuevo informe ampliando sus denuncias, la titular del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos produce una réplica de aquel sismo. Y en este caso, aunque tenga menos difusión, la réplica es más fuerte que el terremoto que la precedió.

Sucede que el nuevo pronunciamiento llega a renglón seguido de declaraciones en las que la funcionaria de ONU prueba, una vez más, que su mirada no está distorsionada por lentes ideológicas y su accionar no está condicionado por presiones de ningún tipo.

Bachelet denuncia ahora que Nicolás Maduro no cumplió con las exigencias que, a su paso por Caracas, le planteó en nombre de la entidad que preside. Y reitera que se siguen produciendo ejecuciones extrajudiciales y las otras violaciones a los Derechos Humanos denunciadas en el informe anterior.

El ejemplo de incumplimiento que subrayó la ex presidenta chilena es que no fue desarticulada la Fuerza de Acciones Especiales, un cuerpo represivo de altísima letalidad.

Esta nueva denuncia seguramente no logrará que el régimen residual del chavismo deje de torturar y asesinar para mantenerse en el poder. Pero reducirá aún más los márgenes de justificación que usan los gobiernos democráticos que todavía lo defienden y también los que callan ante la tragedia que millones de venezolanos que padecen en su tierra y provoca la diáspora de dimensiones bíblicas que inunda la región.

Es posible, por ejemplo, deducir que de convertirse en presidente como posiblemente ocurrirá, Alberto Fernández retirará a la Argentina del Grupo de Lima. No es de esperar que no lo haga, pero sí que la reconfirmación de las denuncias de Bachelet le darán argumentos para que vuelva a la consideración que tuvo sobre el régimen de Maduro hasta que selló la alianza con Cristina Kirchner que lo convirtió en candidato presidencial.

El nuevo informe de Bachelet, denunciando aberrantes crímenes de lesa humanidad y la continuidad de diversos tipos de represión, se produce a renglón seguido de las declaraciones que formuló en Ginebra motivando una reacción brutal de Jair Bolsonaro.

En esa ciudad helvética, la funcionaria de la ONU cuestionó la situación de los Derechos Humanos en Colombia, México y Brasil, entre otros países mencionados. Y el jefe del Planalto respondió de una manera descabellada y perversa: reivindicó el golpe de Estado de Pinochet y mencionando en tal reivindicación al padre de Bachelet.

No hay otra interpretación que no sea ver un elogio de Bolsonaro a la muerte del general Alberto Bachelet mientras era torturado en una mazmorra de la dictadura. Desmesura que si bien no sorprende, por provenir de un hombre que, como diputado, elogió al coronel Brilhante Ustra, paradigma del torturador en el régimen militar brasileño, rompe nuevos récords en el terreno de la incontinencia barbárica.

Por cierto, además de impropio de un jefe de Estado por incurrir en la apología del crimen, el ataque de Bolsonaro a Bachelet resulta increíblemente negligente, porque al elogiar una dictadura y sus crímenes más abyectos, no hizo más que fortalecer la sospecha de que está debilitando la democracia en Brasil.

El incidente con el presidente brasileño resalta la ecuanimidad con que la socialista chilena cumple sus funciones actuales. Por eso su nueva denuncia resalta, aún más, las complicidades de unos y los silencios de otros ante la tragedia venezolana.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)