Claudio Fantini
Claudio Fantini

El laberinto ecuatoriano

Ecuador inicia un experimento político. Comenzó la presidencia de un líder derechista que deberá gobernar como un centrista de inclinación socialdemócrata.

Hasta ahora, Guillermo Lasso parece entender cabalmente la cuadratura de círculo que caracterizó su victoria electoral. Esto implica saber que el 52 por ciento que recibió en el ballotage no mide el apoyo de la sociedad a su liderazgo y sus posiciones política y económica, sino la magnitud del rechazo a Rafael Correa, quien no fue candidato pero estaba representado en la candidatura de su delfín, Andrés Araus.

Lasso sabe que, como mucho, el respaldo a su liderazgo y a sus propuestas llega al 20% que lo votó en primera vuelta. Incluso debe saber que su paso al ballotage dejó dudas. Cuando terminó la votación, en el segundo puesto estaba Yacu Pérez, del movimiento centroizquierdista y ambientalista Pachakutik, y que si el recuento de votos dio vuelta ese resultado, posiblemente fue por la presión de todos los sectores que defienden la economía extractivista de la minería y el petróleo, resistida por el movimiento indigenista ecuatoriano.

Ese turbio recuento lo puso en el ballotage, instancia en la que, quien fuese el candidato que enfrentara al correísmo, absorbería el sufragio de la mayoría fatigada del personalismo agresivo que expresa el ex presidente radicado en Bélgica. Y el resultado de la primera vuelta muestra con claridad meridiana que ese voto anti-correísta era mayoritariamente de centroizquierda, porque sumaba el 16% que obtuvo el partido Izquierda Democrática al 20% que sacó Pachakutik.

El partido de Lasso apenas sacó el 9% de los votos, lo que le da sólo doce de los 137 escaños. Por eso el ex banquero que acaba de ocupar el despacho principal del Palacio Carondelet sabe que su gobierno no puede ser todo lo libremercadista que es su partido, ni todo lo conservador que es el Partido Social Cristiano (PSC), su socio en la coalición electoral.

Precisamente por la cuadratura de círculo que implicó su triunfo, la victoria de un presidente débil con una posición ideológica notablemente minoritaria, es que las alianzas forjadas en el Congreso precipitaron la ruptura de Lasso con sus socios conservadores del PSC.

Para tener gobernabilidad, necesitará en el Poder Legislativo el respaldo de Pachakutik y de Izquierda Democrática, el partido socialdemócrata que gobernó entre 1988 y 1992, con la presidencia de Rodrigo Borja.

Pachakutik ya ha demostrado su vocación por confrontar y su dureza al hacerlo. Cuando Lucio Gutiérrez decidió dejar de lado lo pactado al forjar con el movimiento indigenista la alianza que lo convirtió en presidente, Pachakutik abandonó ese gobierno y lo confrontó duramente. Y no le tuvo miedo al despótico Rafael Correa, cuyas persecuciones llevaron a Yaku Pérez y a otros dirigentes indígenas y ambientalistas a prisión.

Guillermo Lasso representó siempre al sector financiero y al alto empresariado. Ideológicamente, es conservador en lo político y liberal en la economía. Pero la realidad política, actuando por su cuenta, escribió en las urnas el mensaje que dice quienes deben entenderse con quienes para que Ecuador deje definitivamente en el pasado al correísmo.

Si no quiere volver a la autocracia caudillista, las dirigencias democrática de centroderecha y centroizquierda deberán aceptar que la historia las obliga a deponer apegos ideológicos y sectoriales para alcanzar una versión ecuatoriana del Pacto de la Moncloa.

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