Claudio Fantini
Claudio Fantini

Infierno en Yemen

Arabia Saudita mostraba los dientes al mundo, exigiéndole que baje el dedo acusador y se incline ante su príncipe heredero a pesar del brutal crimen de un disidente, cuando apareció una estadística estremecedora proyectando más sombra sobre Mohamed bin Salman.

Save the Children calcula que unos 85 mil niños han muerto en Yemen, debido a la falta de alimentos por la guerra en la que interviene el reino saudí.

Un siglo socorriendo a menores en campos de refugiados, avalan los informes de esa ONG creada en Londres por Englantyne Jebb, impulsora de lo que terminó siendo la carta de ONU sobre Derechos del Niño.
Las derivas de Yemen comenzaron antes de que el príncipe naciera. En sus propios laberintos tribales está la chispa que encendió el actual conflicto. Pero la intervención saudita agravó la crisis originada en las deficientes estructuras del poder de un país que atravesó parte de su historia fracturado.

La Guerra Fría lo había dividido en Yemen del Norte, pro-norteamericano con capital en Adén, y Yemen del Sur, pro-soviético con capital en Saná. Ahora, no son grandes potencias mundiales sino dos potencias regionales las que dividen a los yemenitas: Irán y Arabia Saudita. El sur responde a Teherán y el norte a Riad.

La Primavera Árabe detonó la sublevación que derribó a Alí Abdullah Saleh, dejando el poder en manos de Abd Rabo Mansour Hadi. Pero la minoría zaidi, de etnia chiita y encabezada por el clan Huthi, se alineó con el líder derrocado, iniciando la guerra que le quitó territorio al régimen pro-saudí.

Cuando los huthíes tomaron Saná, Riad armó una coalición con Emiratos Árabes Unidos y se zambulló en el conflicto. Para restituir a Mansour Hadi la totalidad del territorio, la coalición realizó bombardeos que fueron denunciados como indiscriminados. Y Mohamed bin Salman sumó un bloqueo aéreo que afectó los envíos de alimentos y medicamentos.

Por cierto, los huthíes también son denunciados por crímenes de guerra y a Irán le corresponde buena parte de la responsabilidad en el desastre humanitario. Pero varios intentos de negociación encontraron en el príncipe saudí un obstáculo infranqueable.

La escalofriante cifra de muertes infantiles podría multiplicarse por los efectos de la batalla que se avecina.

Atrincherados en Saná, los chiitas reciben armas, pero también alimentos y medicamentos, a través Hodeida. La coalición y sus aliados locales preparan una ofensiva para apoderarse de ese estratégico puerto sobre el Mar Rojo.

La batalla de Hodeida podría detonar una hambruna que pondría en riesgo la vida de millones de personas.

A esta altura, está claro que la guerra yemení no ocurrió como el hombre fuerte saudita había calculado, y que en su océano de muertes está naufragando la imagen del mayor reino arábigo.

Yemen, el bloqueo a Qatar y el asesinato de Khashoggi quizá ya convencieron a Riad que debe modificar la sucesión del rey Salman. Es probable que, más adelante, Mohamed sea reemplazado como sucesor por su tío Ahmed bin Abdulaziz, o por su primo Mohamed bin Nayez, quien había sido el primer elegido para heredar el trono. Pero, por el momento, el reino muestra los dientes al mundo exigiendo que baje el dedo acusador y se incline ante su Jeque, aunque tenga sangre en las manos.

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